En el vaivén de tu mirada me despojé de aquello que ya no me hacía más falta, y que de entre todo eso las palabras sobran, que para nuestros labios se me ocurre un mejor uso. Y mientras el roce se vuelve constante, mi lengua hace poesía, te recita versos en los labios, pero no aquellos que te estás imaginando. Tus dedos recorren montañas y los míos bosques talados, creando mares en épocas de sequía, buscando beber de ellos, adictos a la sal de tu piel. Y tus manos, aquellas forjadas para encontrarse en las lagunas más oscuras, se movieron creando oleaje. Y el tsunami llegó cuando tu nombre se atascó en el fondo de mi garganta, acallado por la absorción de la tormenta, que me deja seca.
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