domingo, 22 de abril de 2018

Lluvia torrencial

El roce de tu piel por todos lados, mis cabellos volando esparciéndose por mi espalda, tus dedos recorriendo mi espina dorsal. Y de repente tus manos me despojan de la ropa, esa que tanto me sobra, y tus dedos se vuelven labios que depositan besos allá donde tanto me hacía falta. Y tus dientes, juguetones, van dejando mordidas que me hacen erizar la piel, hasta que entra en juego tu lengua, esa que tantos versos me ha soltado, pero que su mayor poesía la desarrolla ahora saboreando mi piel, desnudándome de miedos y penetrando en lugares en los que nunca antes había dejado entrar a nadie. Y tus brazos se vuelven fuertes, alzándome, haciéndome ver el cielo y gritar tu nombre hasta quebrar mi garganta. Pero tú no paras. Y me gritas con agitación, sin palabras, y yo cumplo tu mudo silencio cumpliendo aquello que pides en tus círculos húmedos, hasta desatar la locura y sucumbir en una lluvia torrencial que tan solo apreciamos tú y yo.

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