sábado, 14 de marzo de 2020

Poesía erótica

Odiaba escribir poesía erótica, pero estar con ella era como la mejor fantasía sexual cumplida. ¿Así que cómo no iba a escribirla? Si su cuerpo era la envidia divina y su rostro el de un diablo vestido de ángel, en apariencia tan santa, en la cama tan bárbara. Siempre llevaba el control, nunca dejaba que la tocara. Y, ¿a quién pretendo engañar? Tampoco me hacía falta, si con aquella boca hacía maravillas, sus manos me tocaban como la mejor sinfonía y cuando dejaba que entrara en ella siempre provocaba la mejor explosión. 

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