Caía dinero del cielo y algunos dirán que aquello era una bendición, pero no. Aquello era el puto banco explotando por los aires mientras el caos se desataba en todo el país. No era el único lugar que había explotado. Hospitales, colegios y centros comerciales; cualquier lugar de concentración de masas había volado en mil pedazos en un intento de librarse del peor virus que habitaba en aquel lugar: la humanidad
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