domingo, 30 de septiembre de 2018

Cuando estés triste

No me gusta que estés aquí, leyendo esto; eso significa que no estás bien. La simple idea me molesta. En realidad no soy nadie para replicarte nada, yo también estoy triste, mientras escribo esto. ¿Sabes en qué estoy pensando ahora? En las ganas que tengo de hablar con mi mejor amigo, porque siempre me acaba sacando una sonrisa y me ayuda cuando estoy mal, aunque él se piense que no es así, y no sirve para animarme. Siempre piensas que no ayudas, pero a veces haces más que nadie, con simplemente estar. Podría hablarte ahora mismo, pero no quiero hacerlo, no me gusta cargarte con mis problemas cuando tienes los tuyos. Así que decidí escribir esto porque, de alguna manera, es como si estuviese hablando contigo, y eso me ayuda a estar mejor. En realidad no eres consciente de todo lo que influyes en mi vida, de verdad. Hay veces en las que siento que ya no puedo más, y el sentimiento de estar terriblemente sola, pero no es verdad. Porque tú siempre estás, y eso me ayuda a querer seguir adelante y, aunque estés lejos, me siento acompañada. No sé qué es lo que te ocurre, por qué estás triste o si en realidad puedo ayudarte a no estarlo. Probablemente no, posiblemente sí. Como siempre te digo, hay que pensar en positivo. A veces, cuando no estás y necesito de mi mejor amigo, escucho aquella canción que me recuerda que, aunque no estés, siempre estás, por incoherente que pueda sonar eso. Al fin y al cabo, tú también eres esa pequeña luz que ilumina mi oscuridad. Y yo no quiero estar a oscuras. No quiero estar sin ti. Y no sé, de verdad, no sé qué decir para que no estés triste, porque a parte de que ya es algo difícil de solucionar de por sí, lo es mucho más sin tener un contexto. Lo único que te puedo decir es que me hables. Yo no lo estoy haciendo ahora, y debería hacerlo, no sigas mi ejemplo, tú siempre has sido el inteligente de los dos. Así que espero que mi yo del futuro te responda, y te recuerde lo muchísimo que te ama, aunque también te lo diga yo ahora.

No pasa nada

Hacía tiempo que no escribía nada, puede que fuese porque no tenía nada que decir; o porque estaba demasiado ocupada siendo feliz como para hacerlo. Y, sin embargo, estoy de nuevo aquí. Escribiendo. Aunque no estoy muy segura de que tenga algo que decir. Y no pasa nada, de verdad, todo va bien. Pero en realidad no. Es como una sacudida, te mantienes en pie, pero menudo golpe, que casi te tira abajo. Sigo en pie, pero me he despeinado. No pasa nada. Me cepillo el pelo, pero recuerdo que lo tengo rizado. No pasa nada. Mojo el cabello, pero cuando se seca queda electrificado. No pasa nada. No pasa nada. Pero sí pasa. Así que dejo el pelo como está, y lo recojo en dos trenzas. Me digo que el tiempo lo cura todo. Y sé que mañana, cuando destrence mi cabello tendrá unos rizos más bonitos de lo usual. Así que sí que pasa algo, pero tranquilos, ya mañana no pasará nada.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Cuando estés feliz

Últimamente no es habitual que estés feliz, de hecho, ha llegado al punto de que para ti el estar normal, significa estar mal. No debería ser así. Ojalá todos los días fuesen como este, días en los que simple y sencillamente te encuentras feliz. Deseo esto para ti, que te sientas bien, que sonrías. Te deseo lo mejor del mundo, de verdad. Que te levantes con ganas de regalarle al mundo tu hermosa sonrisa, esa que, como ya te he dicho otras veces, me parece la más bonita que he visto en mi vida; y te puedo asegurar que he visto muchísimas a lo largo de los años. Pero la tuya tiene algo especial, que se me hace preciosa. No sé si serán los hoyuelos, el brillo que se te forma en la mirada, o qué, pero me maravilla, y me encantaría que siempre se mantuviese en tu rostro. Ojalá que, de todos los textos, este sea el que leas más veces, porque estés feliz. Ojalá que nunca tengas que leer los otros. Pero bueno, lo importante es que hoy estás aquí, leyendo esto, y eso es bueno, muy bueno. ¿Sabes? Yo he decidido escribir esto precisamente hoy porque estoy muy feliz, y creo que queda de alguna forma muy poético que tú, tiempo después, lo leas siendo feliz también. En realidad todavía queda mucho para que te entregue esto, más de dos meses, pero llevo pensando en hacer esto desde hace mucho más, unos seis meses. Se me vino a la cabeza el hacerlo, porque quería hacer algo especial para ti, pero la distancia me limitaba bastante. Y, sin embargo, nada es imposible, aquí me ves. Te acabo de dar las buenas noches y, lo que tú no sabes, es que sigo hablando contigo. Con tu yo del futuro. Qué raro, ¿verdad? Se me hace extraño que me leas dentro de tanto tiempo, uno en el que yo ni si quiera sabré que lo haces. ¿Me lo harás saber? Que te han llegado mis palabras, digo. Me gustaría saberlo, estoy segura de que me haría muy feliz por saber que tú lo estás. ¿Sabes? Tu felicidad significa mi felicidad, de esa manera me afectas. Así que gracias por hacerme indirectamente feliz. Ahora mismo estoy muy feliz por saber que algún día lo estarás. Así que, a tu yo del futuro, presente para ti, simplemente decirte que me alegro de tu felicidad, porque también es la mía, y amo que puedas estar tan bien, casi tanto como te amo a ti; gracias por tanto.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Lucha

No me conoces y probablemente yo a ti tampoco. No sé qué canción escuchas antes de irte a dormir, o qué perfume te gusta usar para las ocasiones especiales. Tampoco sé cuál es tu color favorito, o el lugar al que siempre has querido viajar. Y, sin embargo, puedo decirte mil cosas, y sé que las entenderías. Que me entenderías. Puede que hoy hayas tenido el mejor día de tu vida y que estés tan feliz, que ni si quiera te hayas percatado de este texto. O puede que hoy no haya sido un buen día para ti. Lo segundo es más probable que lo primero, ¿y sabes por qué lo sé? Porque tendemos a centrarnos en este tipo de textos cuando las cosas no van bien, buscando consuelo, alguien que nos entienda. No tengo ni idea de si yo soy esa persona, lo único que puedo decir, es que estoy dispuesta a escuchar. Esos detalles a los que nadie les da importancia, y que, sin embargo, son lo más reseñable del día. A la historia de aquella lágrima traicionera, y esa sonrisa robada. De tu corazón latiendo a mil por hora, y de cuando este se quebró en mil pedazos. De cuando te viniste abajo. Es momento de volver a estar en pie. Aunque las cosas no vayan bien, a pesar de que pienses que tú no estás bien. No importa cuál sea el problema, todo tiene solución. Así que si buscabas un texto para compadecerte de ti mismo, siento decirte que has venido al lugar equivocado. Lucha. Hoy, mañana, siempre. Y cuando te canses de luchar, sigue luchando más, porque solo con esfuerzo y sacrificio lo vas a lograr. Y si piensas que ya no puedes más, recuerda que eso no es verdad. Siempre se puede luchar más.

martes, 11 de septiembre de 2018

Cuando yo ya no esté

Si estás leyendo esto, significa que yo ya no estoy. Espero que, en realidad, no tengas que leerlo nunca. Que se pierda en algún punto de nuestras vidas, y jamás lo recuerdes, porque me tendrás a mí. Te escribo hoy porque, a pesar de que hablamos hace un rato, te echo de menos. Muchísimo. Así que no me puedo ni imaginar lo que supondría el simplemente que ya no estés en mi vida. Te puedo asegurar algo, allá donde quiera que esté, con quien quiera que esté, y sea lo que sea lo que esté haciendo, te estoy echando de menos. Estoy extrañando tu compañía, la forma en la que me haces sonreír con tan solo hablarme, y las largas horas hablando contigo de todo y a la vez de nada. Estoy extrañando el preguntarte cómo estás, porque yo siempre quiero saberlo, y seguro que ahora mismo daría lo que fuera por tener noticias sobre ti. Estoy extrañando el contarte cómo ha ido mi día, y que me animes cuando yo no puedo más. Escucharte contarme tus problemas, los audios con tu risa, y los míos tratando de contarte un chiste. Estoy extrañando tus fotos, tus buenas noches y tus te amo. Maldita sea, te estoy extrañando tanto, y ni si quiera me he ido, pero la simple idea de que pueda suceder me parece devastadora. Te amo, y te lo digo hoy porque aparentemente mi yo del futuro es lo suficientemente estúpida como para no hacerlo. Te amo, y aunque ya no nos hablemos, siempre lo seguiré haciendo, porque una persona con la que se ha vivido tanto, haya pasado lo que quiera que sea, nunca se la deja de querer. Y pensaré en ti, y te recordaré, eso jamás lo dudes. Espero que tú también lo hagas, pero con cariño, no quiero que tengas una mala imagen de mí. Yo sé que tengo la mejor versión de ti en mi cabeza, siempre me dices que soy una exagerada y una dramática; yo solo creo que soy una afortunada, y he tenido la suerte de ver todo lo bonito que eres. Y se es bonito con imperfecciones y con errores, no quiere decir que seas perfecto, eres humano. Pero sigues siendo la persona más bonita que he conocido. Y no hablo de algo físico, aunque también sea así. Hablo de ti. Eres una persona tan bonita, tan liviana, tan pura; y tú no te das cuenta, pero lo eres. Y siempre serás la persona que saca lo mejor de mí, y me hace querer seguir adelante. Ya sé que te lo he dicho, pero te lo vuelvo a repetir. Que te amo. Cada maldita parte de ti, y de nosotros. No sé qué mierda habrá sucedido para que ya no esté ahí, ¿pero crees que puedas solucionarlo? Si yo soy la culpable, espero que me perdones, y si tú eres el culpable, espero perdonarte. Estoy segura de que lo haré, porque tengo debilidad por ti. Solo no dejes de intentarlo. Yo no lo haré. Y si nos separamos de mutuo acuerdo, entonces es que los dos somos unos idiotas. Sé que yo pertenezco a tu vida, y tú a la mía. Dos personas como nosotros, la conexión que tenemos, eso no es algo que vayamos a encontrar en ninguna parte. Y, si decides que ya es demasiado tarde, o que es mejor dejar las cosas así, solo te pido que te acuerdes de mí, yo te prometo que me acordaré de ti.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Yo también

Le digo que lo amo, y me contesta que ya lo sabe, y que lo aprecia. Me quedo estática, sin saber qué hacer, con el corazón destrozado y los argumentos echados por tierra. ¿Qué se supone que se dice cuando destruyen la poca valentía que hay en ti? Cuando, para una vez que tienes coraje, acabas en mil pedazos. Y me digo que soy fuerte, que ya lo sabía, que no pasa nada. Pero sí que pasa. Y miro sus ojos, esos que provocan en mí mil cosas, y fuerzo una sonrisa. ¿Pero por qué? Me preguntarás, y yo no te sabría contestar. Porque lo amo, tal vez, y puede que esa no sea la respuesta que estás buscando, pero es la única verdad. Lo amo y, aunque duela, a él no le tiene que doler. Así que me recompongo, recojo los pedazos esparcidos de mi corazón y me marcho. Pero entonces me detiene, su mano en mi brazo, cálida, diciendo tanto. Sus ojos brillan, pero no como su sonrisa tan radiante. Los pedazos acelerados en mis manos. Hasta que la sonrisa desaparece para dar paso al habla, y me pregunta si estoy bien. Suspiro, los pedazos se vuelven a romper. Le digo que sí. Él me dice que también. Le contesto que me alegro de que esté bien. Y entonces me dice que me ama también.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Te amo

Te escribo porque no sé qué más hacer, para hacértelo saber. El expresar mis sentimientos últimamente no se me ha estado dando precisamente bien. A veces pienso que lo estoy logrando, que de verdad me he expresado con claridad, y entonces me doy cuenta de que no. Muchas son las horas que he pasado pensando, buscando la manera de hacértelo saber. O puede que no, y solo quiera engañarme y, de nuevo, esté jugando a estos juegos sola; sin darte una invitación, ¿te sirve ahora? ¿crees que puedas captar el mensaje?

Me haces tan feliz

Me haces feliz, me haces tan malditamente feliz con tan solo unas palabras, que a veces hasta me duele ver el poder que tienes sobre mí. Y tú lo dices, como si nada, y continúas con tu vida sin darte cuenta de que has parado todo mi mundo. Me dejas sin respiración, atolondrada, con ganas de más. Y tú te ríes, porque decir esas cosas es tan impropio de ti. Y yo sonrío, con las mejillas sonrosadas y el corazón a punto de estallar. ¿Te das cuenta de lo que me haces? Me haces querer vivir, y no es que antes no quisiese, es que no sabía lo que era vivir, no de verdad, al menos. No después de escuchar el sonido de tu risa, y sentir ese cosquilleo en el estómago de saber que es por mí. No después de ver tu sonrisa, relajada, y darme cuenta de que es simplemente perfecta, y lo es porque, en realidad, no lo es. Pero es que todo en ti se ve tan bien, se siente tan bien. Y cuando las cosas son por mí o para mí, me maravillas, me haces querer más y más de ti, hasta que ya no puedas más. Hasta que ya no haya nada más.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Estoy cansada

Quizás tengas razón y sí que me acabe cansando. Pensé que no lo haría, que jamás podría cansarme de ti; pero ahora me doy cuenta de que no es verdad. De que cada día se me hace más difícil aguantar tu mordacidad, tu frialdad e indiferencia. Supongo que estoy cansada de que siempre estés mal, y sea todo tan siempre entorno a ti. Extraño a tu antiguo yo, al que hablaba con una sonrisa en el rostro y le contaba aquello que tenía tantas ganas. ¿Sabes cuál es el problema? Que la cosa se ha vuelto un: ahora no es el momento, ya se lo diré otro día. Y al final se acaban los días, y yo me quedo sin decir nada. Muda, cuando antes no callaba. Estás acabando con la chispa, esa que tanto he amado, y que ahora hablo en pasado, no porque ya no la ame, sino que porque ya no existe. Siento que no puedo aguantar más así, no toda la vida, al menos. Así que supongo que sí, que tienes razón, que la has tenido todas aquellas veces que me has dicho que me iba a cansar de ti. Ya me estoy cansando.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Vuela

Vuela.
Vuela alto.
Vuela lejos.
Y entonces deja de volar.
¿Qué ha pasado, pequeño pajarillo?
¿Por qué ya no vuelas más?
Entonces me enseña el ala lastimada.
Quebrada.
Y me doy cuenta de que ha sido adrede.
No por él.
Por alguien.
¿Quién querría lastimarlo?
Pero la respuesta es tan sencilla.
Tan obvia.
Tan certera.
Tan celosa...

martes, 4 de septiembre de 2018

Pensé en ti

Me dijeron que pensase en alguien, y pensé en ti. Qué inevitable, ¿no? El que vengas constantemente a mi mente, hasta cuando yo no lo hago en la tuya. Tu nombre, retumbando, y yo cerraba los ojos y pensaba en ti. Cada palabra, todas y cada una de ellas, gritaban tu nombre, aunque no estuviese escrito en ellas. ¿Era necesario acaso? No, porque de alguna forma me has calado tanto que ya es algo habitual, el que no me dejes. En mis noches de insomnio, esas que paso sola, y que a la vez no es verdad; porque siempre está aquí tu fantasma. Susurrando a mi oído palabras que nunca me has dicho, y que ni dirás, pero que mantienen siempre viva mi esperanza. Que sí, que algún día las dirás, que sí, que algún día las diré. Que seré valiente, la chica que no se calla nada. Y tú serás el chico que me acompaña. Pero no es cierto, como esos diálogos que desarrollas en tu mente antes de iniciar una conversación, hasta que de repente esa persona dice una cosa completamente distinta y te descoloca, rompiendo todo el plan. Así, así se siente, como algo que solo puede ocurrir en mi mente. Pero no lo niego, no, que cada noche ruego porque mis palabras sean, por una vez, las tuyas.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Hay días

Hay días que te arrastran. Simplemente, sin más. Y no hay otra forma de explicarlo, porque es la realidad. Días en los que no te apetece hacer nada, y es preferible que no tomes ninguna decisión; porque definitivamente no sería la indicada. Días en los que no hablas con nadie, y por algún motivo parece que los astros se alinean para que no te hable nadie tampoco. Días que ni si quiera deberían llamarse días, más bien noches, por esa oscuridad que los caracteriza, aunque fuera deslumbre el sol. Llamados noches, porque te hacen reflexionar, y hacen que quieras salir de ti mismo, agotado. Hay días en los que la debilidad es mayor, y no hay cupo para el positivismo. Ni para ti, ni para nadie. Son días en los que tan solo te quieres encerrar. O noches, como se ha acabado volviendo el día. Hay días que deberían durar menos de veinticuatro horas, porque ya con cuatro se vuelven exasperantes, agotadores. Días que deseas que acaben, porque ya no puedes más.