lunes, 27 de enero de 2020

Aquí solo hay vacío

Me duele, hay algo que me duele y no sé lo que es. No logro averiguar de qué se trata, pero me mata, te juro que me mata. Tengo un dolor en el pecho que me sobrecoge, que me asfixia, y no puedo dejar de llorar. Ya no sé ni por qué lloro, supongo que lloro hasta por lo que no me toca llorar. Siento que me estoy quebrando y que no puedo aguantar más, que me hundo en un precipicio sin fin. Grito por auxilio, grito tu nombre, alto, fuerte, tanto que me duelen los pulmones y me desgarro la garganta; pero tú ni te asomas, me dices que es una simple caída y no le das importancia. Me estoy ahogando y, como malgasté mis últimos gritos en pedirte ayuda a ti, ahora estoy sola. Está tan oscuro y hace tanto frío. Ya ni siquiera lloro, se me han secado los ojos y a causa de eso a veces veo borroso. Al fin he llegado a lo más profundo, el lugar donde ya no se llora, porque no se siente. Aquí solo hay vacío, y me da miedo, me da miedo porque, cuando caes a lo más hondo, ya no hay nada que perder. Y si no tengo nada que perder, ¿para qué esforzarme en ganar? Si, de todas formas, tampoco puedo salir de aquí, ni tengo a nadie a quien le importe lo suficiente para venir a buscarme. Así que me quedo aquí, sola y completamente vacía, quebrada; un despojo que solo sobrevive porque ya no sabe cómo vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario