viernes, 21 de agosto de 2020

Dejé de inventar abecedarios

La oscuridad me abruma cada vez que intento acabar con la página en blanco. Me gustaría tintar de colores el vacío que me rodea y sé que la única manera que tengo de lograrlo es sacando aquello que me corroe en el interior, pero el monstruo de la oscuridad me sigue acechando. Antes, cuando lloraba, solía dejar entrever el dolor que sentía con cada palabra que era capaz de articular, era como si hubiese confeccionado todo un abecedario tan solo para mí. Ahora, en cambio, el dolor es tan superior a mí que no hay forma de describir con palabras las brumas que mantienen escondido a mi corazón. Por eso, con el tiempo, dejé de inventar abecedarios. Y, sin darme cuenta, poco a poco se me olvidó hasta cómo hablar. Así que lo guardé todo para mí. 

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