viernes, 21 de agosto de 2020
Bailamos por última vez
Aquel día bailamos felices, sabiendo que aquel era el primer día del comienzo de nuestra nueva vida. Bailamos el vals rodeados de las miradas de cariño de todos aquellos que habían sido importantes a lo largo de nuestra vida. A sus ojos éramos la viva imagen de la pura felicidad, ¿y por qué no íbamos a serlo? Si allí, juntos, habíamos dicho que sí a toda la eternidad unidos, si había cielo, lo escalaríamos juntos; de haber infierno, rodaríamos abrazados hasta él. Bailamos hasta que nos dolieron los pies, apagaron las luces y no quedó nadie más allí. Bailamos hasta que la noche se hizo día y nos sacaron a patadas. Bailamos hasta quedarnos sin aliento, porque juntos estábamos bailando por última vez, era un canto a la muerte, anunciándole que allí ya habíamos acabado, que nuestro amor necesitaba un segundo nivel. Y, sin embargo, aquel Dios extraño me dijo que en el cielo solo quedaba un lugar, y que te pertenecía a ti. Me dejó en vida, en el infierno, amándote hasta que las puertas se abran de nuevo para mí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario