jueves, 31 de octubre de 2019

Estoy rota en mil pedazos

Hay algo en mí que no me deja creer que puedo hacerlo bien, que puedo lograr lo que me propongo, o siquiera algo en lo absoluto. Estoy rota en mil pedazos que me abren cada día más heridas, y yo tan solo quiero esperar a desangrarme. Me dicen que yo puedo y me cubren las heridas, me sanan con palabras de aliento que no hacen más que acentuar mi falta de aire, la presión hace que me asfixie. No, que haya logrado cosas antes no significa que vaya a lograrlas ahora. No, que haya superado momentos difíciles no significa que sea fuerte. Significa que hasta ahora he tenido suerte y siento que se me ha acabado, que ya por mucho que me cubran las heridas van a seguir sangrando, es más, siento que ya nadie las está tapando y que estoy aquí sola tirada en el suelo desangrándome, y que yo quiero vivir, pero a veces me falta la fuerza y el coraje de poder levantarme. Así que prefiero desangrarme.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Batallas perdidas

A veces la lucha me viene grande, es una batalla que sé con certeza que no voy a lograr ganar y, sin embargo, me sigo enfrentando; puede que sea con la esperanza de que las tornas se cambien y la suerte me sonría por primera vez. Aunque, claro, la esperanza, al igual que los sueños, es algo frágil que en rara ocasión se cumple como nosotros queremos. Yo en la vida no me describiría como alguien afortunada, de hecho, diría que soy muy de perder batalla tras batalla; y cuando digo perder me refiero a ser totalmente destrozada hasta el punto de no saber si voy a poder armarme para una más. Sí, hasta a ese extremo. Y, a pesar de ello, es curioso decir que siempre gano las guerras. Quizá sea mi persistencia, que por probabilidad la suerte me acaba sonriendo o que les doy tanta pena a mis contrincantes que me dejan ganar. No quiero saber el porqué, la información no me interesa; pero lo que sé es que allí estaré, en cada batalla, en cada guerra, hasta que ya no quede nada más que dar de mí, porque puedo ser una perdedora, pero lo que no soy es una cobarde, y los valientes no nos rendimos. Siempre volvemos a por más, hasta ganar.

domingo, 27 de octubre de 2019

Sigo siendo una niña

Todavía sigo siendo una niña. Una niña asustada de lo que está por venir, de lo que le espera, de crecer. Una niña que se ha convertido en mujer y que, sin embargo, se siente muy lejos de serlo. Una niña asustada de las decisiones que tiene que tomar y de cómo llegar hasta ellas. Asustada del futuro y de que este no sea como siempre lo he soñado. Sigo siendo una niña, al fin y al cabo, una que quiere esconderse en su cama bajo las mantas y no salir de ahí jamás, al mundo real.

Tiene algo en la mirada

Tiene algo en la mirada que me hipnotiza; quizá sea por la forma de sus ojos, el bonito color castaño o simplemente lo que transmite. Tiene un brillo que ilumina y cuando el sol se posa en sus ojos estos adquieren un tono verdoso que me hace comprender por qué el verde es el color de la esperanza. Tiene en la mirada el alma más bonita que he visto en toda mi existencia, y más vida que un estadio repleto de personas. Si tuviese que describir lo que es sentir paz, diría que es mirar a sus ojos, porque en ellos no veo derrota, maldad ni dolor; solo amor, ingenuidad, bondad y felicidad. Y, ojalá, ojalá el mundo fuese visto por sus ojos y solo por ellos, porque sé que con ellos se acabaría todo el mal.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Déjame despedazarme

Precipicio de la vida,
deja de mirarme.
Me provocas querer...
...querer tirarme.

Sentir las alas batir
y el aire al golpearme,
caer hasta el infinito
y que nadie pueda salvarme.

Y no volar, no quiero...
...no quiero llegar a superficie,
ni pisar tierra firme.
Quiero simplemente morirme.

Así que déjame marcharme,
saltar y golpearme.
Déjame morir sola, sin arrastres.
Déjame despedazarme.

Ya no tengo ganas de luchar

Puede que tú no lo entiendas, la forma en la que me siento ahora mismo. El derrumbarme por una tontería. Me dices que recapacite, que piense las cosas, ¿es que no ves que estoy harta de pensar? Que pienso demasiado y, al final, eso me lleva al mismo lugar; el de no hacer nada bien. Le puedo dar mil y una vueltas que al final acabo igual, en el mismo abismo por el que solo me dan ganas de tirarme, con la cara empapada de mis lágrimas y el corazón botando descontrolado por el llanto. Y sí, es una tontería, pero cuando sumas una tras otra a veces simplemente ya no puedes más. Estoy agotada, ya no tengo ganas de luchar. Ni de seguir. Ni de intentar. Ni de ser. Ya no quiero nada más. Solo quiero que todo acabe ya.

lunes, 21 de octubre de 2019

Es hermoso porque lo es y ya

Es hermoso, os juro que sí. Tiene una de esas bellezas incomprendidas pero que a mí me hacen temblar de pies a cabeza. No tiene hoyuelos, ni los ojos más grandes ni el cuerpo más trabajado; pero tiene el cielo en su mirada y una sonrisa tan bonita que de solo pensarla me hace sonreír. Tiene ese algo en la voz y ese no sé qué que nos pasamos toda la vida tratando de explicar al mundo sin sentido, que para comprenderlo hay que vivirlo, y yo a él lo vivo en todos los sentidos. No es gracioso y, sin embargo, con él no puedo dejar de reír, quizá es porque simplemente me hace feliz y hasta la más mínima nimiedad se siente como un torrente en su máximo potencial. Tiene tantas pecas como objetivos por cumplir, y hace un sueño de cada una de ellas, y un proyecto por cada uno de los sueños, y lo más bonito es que en todos ellos me incluye a mí. Es hermoso porque lo es y ya, con sus imperfecciones y defectos, con sus caídas y su inseguridad, y con todo lo que la vida le quiera echar. Es hermoso porque a mi vista como él no hay nadie más, y no me cansaría de decírselo cada día de mi vida hasta que, con suerte, ya no se lo tenga que repetir más porque se lo creerá.

La caja oscura ya no se abrirá más

Los cuervos graznan mi final mientras las campanas de la iglesia suenan atronadoras. Me miro pero no estoy, no soy más que un ente, un espectador más de aquel circo de gente disfrazada de negro. Algunos lloran, sacando su mejor actor y actriz, con lágrimas artificiales que acaban secadas por pañuelos de papel. El rímel corre por las mejillas que no tardan en ser retocadas en un par de segundos en el baño. Pero nadie me retoca a mí, nadie se atreve a tocar mi rostro congelado, ni a abrir mis ojos dormidos. El blanco de mi rostro reluce más que el castaño de mis rizos en una caja oscura que ya no se abrirá más y algunos tendrán su última visión de mí. La función se acaba cuando entierran la caja, y ya nadie se vuelve a acordar de aquel papel que acaban de interpretar.

sábado, 12 de octubre de 2019

Álbumes cogiendo polvo

No me atrevo a entrar en nuestra conversación. Han pasado tantos meses y, a pesar de eso, todavía tengo una carpeta en el ordenador repleta de fotos que ya nunca voy a guardar en un álbum para enseñar a nuestros hijos ni nietos. Ya nunca voy a tener que imprimirlas y rellenarlo con más fotos. No tendremos una estantería repleta de álbumes cogiendo polvo, ni se marchitarán más flores; porque ya no habrá ninguna que me regales tú. No escucharé nuestra canción y la cantaré a todo pulmón, con una sonrisa en los labios. Ahora la canto sintiendo que el mundo se me viene encima, y que estoy cubierta de escombros. Han pasado tantos malditos meses y, sin embargo, yo soy incapaz de escuchar siquiera un audio con tu voz. Así que borro la conversación, y dejo la carpeta con nuestros recuerdos en la esquina mas recóndita, con la esperanza de que, algún día, ya no duelas más.

jueves, 10 de octubre de 2019

Diecisiete

Diecisiete poemas te recité, a sabiendas de que no los oirías. Repetí cada uno con la esperanza de que me prestaras atención, errando una vez más, sumando otro error a la lista. Diecisiete rechazos me llevé, uno por cada mes que pasé a tu lado, por cada mes que viví enamorada como loca empedernida. Diecisiete son las veces que te lloré en silencio cuando no me eligiste a mí, y la eligiste a ella. Y diecisiete son los meses que llevas a su lado. También son diecisiete los meses en los que a ella no le has importado un bledo, pero tú estás ciego, como yo. Por eso seguirás a su lado, y por eso yo te seguiré escribiendo poemas; diecisiete, para ser más exactos.