jueves, 26 de julio de 2018

Dicen que me parezco a ti

Dicen que me parezco a ti. En mis silencios, cuando la mesa abunda en palabras, en mantenerme callada. Callada, pero atenta, hasta el último detalle, hasta que todos callan, y se posan en mí las miradas. Dicen que yo hablo poco pero que, cuando lo hago, es como si hubiese dicho mucho más que todos los que no callaban. Dicen que mi mirada es la misma que la tuya, a pesar de no ser más diferente. Tus ojos, azules, los míos, marrones. La misma fiereza en ellos cuando hablamos. Esa que hace que la gente nos respete, y se tomen en serio nuestras palabras; la que provoca que nadie nos contradiga. Dicen que tú siempre estabas acompañado de un libro, y que yo también. Que te gustaba aprender, y mantener extensas conversaciones. A mí también. Dicen que cuando hablo, ven tu reflejo en mí. Eso les duele, porque soy el recordatorio de alguien que fue, y que ya no es. A mí también me duele, por no saber si nos llevaríamos tan bien, o si realmente estarías tan orgulloso de mí. Dicen que me cuidas, allá donde quiera que estés. Y yo les digo que yo te pienso desde aquí, guardando tu recuerdo, para no perderte. Porque, de alguna manera, aún siento que estás muy cerca de mí.

martes, 24 de julio de 2018

Ven si tienes valor

Te has sorprendido de verme. Normal, también lo haría yo. Ahora soy tan fuerte, que hasta a mí me sorprende. ¿Dónde quedó la chica débil, la que no se defendía? Te la cargaste. Con tus palabras malsonantes, tus contestaciones impertinentes y tus constantes intentos de hundirme. No lo conseguiste, pero gracias por hacerme más fuerte. ¿Qué querías, golpearme hasta la muerte? Me buscabas, y aquí estoy, ¿es que ya no quieres verme? ¿Acaso te da miedo mi nuevo yo? No me extrañaría, porque aquella chica que se ahogaría en sus lágrimas, hoy te mataría con simples palabras. Y no, no me tientes, no me busques más porque a la próxima te prometo que ya no habrá ninguna más. Siempre te has creído tan superior, haciéndome pensar que yo era mierda, y mira por donde que la mierda resultaste ser tú. Pero respira, tranquilo, que sí me has hecho heridas, tu objetivo, aunque no cumplido, alcanzó gran parte de él. La diferencia es que yo supe aprovechar tu daño, y lo que antes veía mal de mí, ahora tan solo me parecen ventajas. No voy a odiarme más, como tú querías, ni me voy a dejar hacer sentir inferior; porque no lo soy. Ni de ti, ni de nadie. Y ahora ven y dime que me equivoco, hazlo si tienes valor, que te espero con los brazos abiertos, y te juro que, como te acerques a ellos, acabarán con tu asfixia.

Adiós

Menuda mierda cuando no te valoran, cuando te hacen sentir inferior, cuando te critican y te tratan de hundir. Menuda mierda cuando esas personas dicen ser tus amigos. ¿Crees que un amigo me hablaría así? No, claro que no. ¿Crees que yo me voy a dejar tratar mal? ¿Por ti? No, cariño, claro que no. Si vienes a aprovecharte de mi baja autoestima, te comunico que has llegado tarde a puerto; que ese barco ya ha zarpado, y te ha dejado en tierra. Ya no soy esa chica que nunca está contenta, que piensa que todo lo que hace, está mal. Ya no soy la que se critica porque piensa que es fea, no es lista, y no escribe bien. Ya no soy la que está ahí para todos, y perdona a todos. Esa yo murió. Ahora soy la que no deja que nadie la pise, la que intenta pensar lo mejor de sí, la que se mira al espejo y no quiere romperlo. Y no, claro que no soy la mejor, ni me creo más que nadie. Pero soy yo. Y si te crees que puedes venir a romperme mis esquemas, te comunico que lo único que voy a romper, son tus intenciones. Ya no más. No más de rodearme de personas negativas que se creen que pueden hacer conmigo lo que les da la gana. Estoy cansada de soportar malas palabras y no se me trate como me merezco. Así que adiós, a ti, y a todos los que no tengan nada bueno que aportar. Adiós, y te lo digo sin amor, porque ese me lo reservo para aquellos que verdaderamente están; y ya te aviso de que tú, ni lo estás, ni lo estarás jamás.

sábado, 21 de julio de 2018

Frío

Frío. Últimamente es la sensación que más me acompaña. Recuerdo sus ojos, del color del hielo, y su piel que se asemejaba a la nieve. Su mirada, tan helada como su color, me volvía plena escarcha. Su roce, a mí, me ponía los vellos de punta. Me provocaba escalofríos. Por eso, te puedo asegurar, que todo él era frío. Su voz, distante, como si estuviésemos en una cueva y él me hablase a través del eco. Su sonrisa, blanca, cortaba la tensión en el ambiente. Pero él nunca sonreía. No, jamás lo hacía. Recuerdo tenerle miedo. Porque sus palabras cortaban más que el mejor de los aceros, y ni el cristal más afilado se clavaba tan bien en mi piel que sus uñas. Recuerdo querer gritar. Pero, de nuevo, frío. Como si me hubiese congelado, y fuese una estatua de hielo, que lo ve todo, pero sin poder reaccionar. Y, sin embargo, yo estaba ahí, atrapada. Viendo sin ver. Sintiendo sin sentir. Con heridas que traspasaban el hielo y que me quebraban el alma. Y el cuerpo, por desgracia. Recuerdo que el primer golpe solo me quitó un poco de escarcha. Se lo agradecí, me lo merecía, y así, al menos, obtendría un poco de su calor. Me equivoqué, eso tan solo me hizo sentir más frío. Recuerdo sus dedos, tratando de tocarme, y yo, alejándome. Sus puños cerrados en mí, como cadenas, que no se pueden romper. Y su lengua, contra la mía, a mi pesar. Es como cuando, de pequeño, pegabas tu lengua al hielo, y ya no la podías despegar, y los dos primeros minutos te hacía gracia, pero cuando llevabas diez, te daban ganas de llorar. Y querías que te lo quitasen, que te separasen. Yo me sentía así, atrapada, con mi lengua pegada al hielo, congelándome hasta mi ser, pero sin nadie que me ayudase a despegarme. Yo no me pude separar del hielo, pero lo hizo él de mí, no, sin antes, entrar en mi ser. Recuerdo sentir la quemazón del hielo, como cuando te arrastras desde lo alto de una colina apoyada en él, hasta abajo. Porque sí, el hielo también puede quemarte, y él me quemaba cuando estaba dentro. Cuando salía, era como si cayese de lleno en un estanque de agua congelada. Sus garras me habían dejado marcas, moradas, para acompañar a los colores fríos que se respiraban en esa casa, a la que yo llamaría iglú. Recuerdo que, un día, su hielo quebró tanto en mí que se me vieron hasta los huesos. Y eso era bueno, porque el blanco, era nuestro color. Se enfadó tanto conmigo, que de sus ojos salieron truenos, que cayeron sobre mí, abrazando mi cuerpo morado. Todo era mi culpa, por no ser de hielo, como él. Yo siempre quise ser fuego. Y el fuego se propaga, no tiene dueño, ni un parámetro. Va por libre. El hielo, no. Y él quería que yo me congelase con él. Al final lo hice. Recuerdo la sensación del agua inundándome, sin dejarme respirar. Bien, porque el agua, se convierte en hielo. Podría ser hielo. Y mis labios, que siempre habían sido tan rosados, cobraron el color morado. Mi piel, que nunca había estado cerca del color de la nieve, ahora se asemejaba más que nunca, ¡y mis ojos, dados vuelta, estaban blancos! Oh, mi frío amor, que me contemplas con las manos empapadas, llorando, ¿por qué lloras, mi amor? Querías que fuese hielo, y ahora lo soy. Una estatua para toda la eternidad, que por apagar mi fuego, apagaste hasta mi corazón. ¿Por qué te cuelgas, pues? ¿Es que también quieres ser hielo hasta la eternidad?

viernes, 20 de julio de 2018

Me duele tanto amarlo

Podría hablaros de tantas cosas; de la muerte, el fracaso, el rechazo, la pérdida, el dolor; y, sin embargo aquí vengo yo, a hablaros del amor. ¿Por qué? Me diréis, y la única respuesta que tengo, es porque es lo que siento yo. Para muchos amar es una bendición, a mí más bien me parece una condena. Encadenada a él, que ni si quiera me mira a mí. A él que, de todas las personas, ni si quiera se ha dado cuenta de que estoy amarrada. Cuando lo conocí, me pareció irrelevante. Y hoy aquí estoy, contándote cuánto me duele amarlo. Nos hicimos amigos, de estos que de un día a otro se han formado, y tú ni si quiera te puedes hacer una idea de cómo. Lo único que sé es que, de un día para otro, éramos inseparables, al punto de que a mí, me parece insano. Me parece insano que si, un día no hablo con él, no pueda sacarlo de mi cabeza, pensando en si estará bien, con quién estará, o si él también estará pensando en mí. La respuesta, a esto último, evidentemente es no. No, porque en estos meses de dura condena le dije que lo amo. Y me dijo que él a mí no. No, al menos, de esa manera. Que solo soy una amiga para él. Que es inconcebible la idea de verme de otra manera. Y a mí me estalla el corazón de tanta pena, de decirle que ante todo, quiero su amistad, que no quiero que las cosas cambien entre nosotros. De fingir que no me duele cuando me habla de otros, y el que nunca podré estar con él. Lo mío es un romance prohibido en todos los sentidos, por mí, por estar tan lejos; y por él, por no amarme a mí. Y que sí, que yo lo sé, que aunque fuese correspondido no tendría ninguna oportunidad, que es mejor así, porque al menos me puedo obligar a olvidarlo, y de ser devuelto la pena sería mayor; pero es que duele tanto. De verdad, amarlo duele tanto, que a veces siento que yo misma me he hecho trizas el corazón. Por haber encontrado a la persona perfecta, con la que querría compartir cada día de mi vida, y darme cuenta de que no podría estar más equivocada. Como siempre me pasa. ¿Y de qué me sorprendo, en realidad? Si a mí, lo bueno, nunca me pasa. ¿Cómo he podido ser tan ilusa de pensar que alguien me podría amar a mí? Y mucho menos él, que de entre todas las personas que conozco, se merece algo mucho mejor que yo. Y he intentado olvidarlo, te juro que sí. He fijado muros en mi corazón, he llorado lagos completos y me he dicho ya basta. Una vez detrás de otra, tratando de callar a mi corazón, ese que tanto ladra. Pero no. Y le dije, le dije que ya no le amaba, una mentira como una casa; porque la tonta que se lo creyó, fui yo. ¡Ja! A quién se le ocurre pensar que ya lo había superado, si a personas como él no se olvidan, se llevan en el corazón toda la vida. Tonta de mí, y de mi corazón, por pensar lo impensable, por engañarlo a él, y a mí. Pero qué más da, mejor así, ¿no? Que se piense que ya no lo amo, y librarlo de esa angustia de pensar que me hace daño. Mejor sufrir en silencio, por el hombre al que amo, con la esperanza de que, algún día, todo pasará. De levantarme sabiendo que ya no lo amo, de que puedo ser la amiga que se espera que sea, y no me dedique a fingirlo. Porque de verdad, quiero ser quien él desea, pero me duele ser tan poco, cuando yo quiero ser tanto. Me duele tanto amarlo.

Romper la distancia

Es la quinta vez que me desvelo pensando en ti, esta noche. Con el corazón agitado, y la cara empapada, de lágrimas por haberte tenido, tan cerca, y ahora estar tan lejos. A veces la distancia me mata. Me dijeron que no iba a funcionar, que no me hiciese ilusiones y que, estas cosas, nunca salen adelante. Que a una persona no se la conoce a distancia y que, cuando las ves, cambian. Me dijeron que me olvidase de ti, que amarte era una locura. ¿Y qué se supone que iba a hacer, enterrar todos estos sentimientos, esos que he sentido por primera vez en toda mi vida por alguien, solo porque no estás aquí? ¿Olvidarme de ti? Dime, dime pues cómo se hace. Dime cómo me olvido del mensaje que me alegra la mañana, la sonrisa que me deleita en la tarde, y la voz que me desea una buena noche. Dime cómo me olvido de la persona que ha estado para mí cuando antes no ha estado nadie. Me dices que paso demasiado tiempo con el móvil, que soy una adicta, pero yo de lo único que soy adicta; es de él. De sus risas, de sus idas y venidas. De sus te amo, aunque no sean del tipo que yo espero, y sus cálidas lágrimas cada vez que está mal. Dime cómo se olvida a la persona que ha estado ahí cuando no ha estado nadie más, la que te ha hecho ver que no estás sola, a pesar de no tener a nadie a tu alrededor. Esa que te ha demostrado que la distancia puede separar cuerpos, pero no corazones. Dime cómo supero a quien me ha hecho amar. A mí, que no creía en los te amo, y que ahora me da la necesidad de decírselo a cada rato. ¿Cómo coño se olvida a la persona con la que te gustaría compartir la vida? Esa que conoces desde hace tanto y que, a pesar de llevar mucho menos que otros, me ha hecho sentir tan intensamente. Dime pues, ¿cómo me olvido de él? De él, que es la única persona de la que me gusta mi nombre, la única por la que por perder, perdería hasta el sueño. No puedes pedirme que me olvide de él, porque ya es una parte de mí y, olvidarlo, sería dejarme atrás. Y sí, llámame estúpida, por amar a alguien que de mí no quiere más que mi amistad, de alguien que está tan lejos. Pero es que, maldita sea, para mí está tan cerca, que cualquier distancia me da igual. Por él, la rompería, buscaría cualquier forma, que lo haría.

Lo que llevo en el alma

Hola, sé que no estás leyendo esto y que, probablemente, jamás lo harás. Pero tengo que decirlo. Dejarlo escrito en algún lugar, lo que llevo en el alma. Cuando te conocí, ni si quiera me fijé en ti; para mí eras uno más del montón. Entonces me di cuenta de que las películas están equivocadas, que uno no se enamora a primera vista, así, de golpe. Que uno conoce a la persona, se vuelve su amiga y, cuando ya conoce hasta sus entrañas, se enamora; hasta las trancas. Lo que yo siento por él no se puede describir con palabras, porque es un amor de estos profundos que te calan hasta el alma, de esos que dicen que se tienen una vez en toda la vida. Que lástima que, el amor de mi vida, ni si quiera sepa de mí. Que sí, que se sabe mi nombre, mi cara, y por saber de mí, se sabe hasta mi alma. Lo que no sabe es que, a veces, me duelen sus palabras, que cada mensaje hace palpitar mi corazón y, cada noche, imagino un futuro con él. Lo que él no sabe es que se me hace duro ser solo su amiga. Y es que, Dios, es tan hermoso, ¿por qué no se da cuenta de que lo es? Si yo me pasaría horas mirándolo. Y que mis hijos, por mí, llevarían su nombre.

sábado, 14 de julio de 2018

Pasar

Y otra vez esa sensación. De que todos avanzan, que te dejan atrás. De que eres prescindible, siempre lo eres. Y llegan personas mejores, esas que hacen que quedes en un segundo lugar, para luego llegar a un tercero, hasta desaparecer. Ni si quiera quedo en los recuerdos, ¿y qué más da? Que todos se vayan. Que se olviden de mí. Yo sigo aquí. Y a veces duele, estar para todos, fingir que no me importa no ser nadie cuando quiero ser todo. El no estar realmente ahí, ni ser suficiente. El no poder ayudar, ni ser motivo para que quieran seguir luchando. A veces me siento como Lou, lo suficientemente importante para Will como para amarla, pero no para vivir. Paso por la vida, pero no dejo huella. Simplemente paso. Y estoy cansada de pasar. Me quiero quedar. Quiero quedarme en la vida de alguien, como yo me quedo en la de todos, pero, de nuevo, soy Lou. Quedándome completamente sola.

jueves, 12 de julio de 2018

Te miro por primera vez

Te miro por primera vez, a pesar de haberlo hecho tantas veces antes, y es que nunca te había visto de verdad. Nunca había observado ese tic nervioso de tocarte el pelo, cómo te muerdes el labio al estar concentrado o cómo agitas tu pierna, dando pequeños golpecitos, cuando te impacientas. Nunca me había fijado en tus ojos, que ahora me doy cuenta de que son mucho más que el color café que los impregna; son angustia, nervios, felicidad, tristeza. Son lo que te compone. Y esa sonrisa, que siempre ha estado entre tantas otras, y que ahora brilla como ninguna. ¿Cuántas veces te habré visto sin verte? Y es que suena tan incongruente, pero mis ojos han estado posados en ti innumerables veces pero ha sido hoy. Hoy me he dado cuenta de que estoy enamorada de ti. Y tan solo me ha bastado un vistazo, para darme cuenta de que es así.

lunes, 9 de julio de 2018

Gracias por ser mi mejor amigo

No sé en qué momento te volviste tan importante para mí; la persona con la que por fin siento que no molesto, con quien quiero hablar a todas horas, y puedo ser yo misma. A quien le puedo contar todo, sin ningún tipo de miedo. Quien me escucha, apoya y ayuda, la persona que está ahí a todas horas, incluso sin estar presente. A quien quiero contarle mi día, y compartir mi vida. La persona que me arranca una sonrisa con tan solo un mensaje, y me hace querer ser mejor. La persona con la que avanzo, y me siento protegida. Quien me hace reír, y detiene mis lágrimas. Gracias por quedarte conmigo, a pesar de todo, por apostar por mí, por nosotros, y por esta amistad que tenemos. Gracias por soportar mi mal humor, escucharme cuando estoy mal y tratar de ayudarme. Por preocuparte como nadie, quererme como nunca me habían querido, y enseñarme que la verdadera amistad existe, y es la que me brindas tú. Gracias, simplemente, por ser mi mejor amigo.

domingo, 8 de julio de 2018

Saltar

Saltas al abismo, porque te das cuenta de que es el único lugar en el que puedes estar. Nadie te puede ayudar, ni lo intenta lo suficiente. Y tú ya estás cansado de seguir intentándolo, solo, con esa angustia en el pecho, el corazón acelerado, y la respiración agitada. Con un nudo en el estómago, la visión borrosa, y aquellas ganas de salir de allí. De irte, de una vez por todas. Saltas, porque es la única manera de por fin sentirte libre, de no estar solo, de no ser tú. De acabar con todo. Por fin.

sábado, 7 de julio de 2018

Jamás habrá un tú y yo

Te alejas tan rápido que ni si quiera soy capaz de vislumbrarte más; y mi corazón se acelera, expectante de que vuelvas. Pero tú no lo haces. Y, entonces, me doy cuenta de que jamás habrá un tú y yo, porque tú eres demasiado tú, y yo soy simplemente yo. Así que vuelas, como un pájaro, al fin libre; pero yo me quedo encerrada en esta prisión que se hace llamar tu corazón, a sabiendas de que no debería. Porque tú has echado el candado, y, aunque tengo la llave, no quiero usarla. No, cuando se vive tan bien aquí, a pesar de lo que duele cada día. Porque Dios, amarte es tan fascinante, que ni si quiera me importa que no sea correspondido. Te mereces tanto mi amor, que no me importa clavar puñales en mi propio corazón si con ello logro sanar el tuyo. Y no tengo esperanzas de que algún día sientas lo mismo que yo, porque sé que no lo harás, que alguien como tú jamás se fijaría en alguien como yo, ¿pero acaso me culpas por amarte? Porque déjame decirte, que amarte, para mí, es un hecho irremediable. Y lo siento, por las molestias que pueda causarte; pero yo no soy nadie para decirle a mi corazón que deje de mirarte y, si pudiese, lo seguiría haciendo.

Gracias por ser mi mejor amigo

Me acuerdo de aquella oscuridad que me rodeaba, y de cómo pensaba que jamás podría vencerla. También recuerdo conocerte, y pensar que serías alguien más, hasta que de repente pasaste a ser alguien especial. Y tus palabras, siempre son lo que más me gustaron de ti, esas que me hicieron darme cuenta de que soy fuerte, de apreciarme más, tanto por dentro, como por fuera. Ese apoyo incondicional, consiguiendo hacerme sentir tan cerca de alguien, a pesar de que no podríamos estar más lejos. Esas horas tan solo escuchándome, porque era lo que necesitaba, y aunque tú pensabas que no servía de nada, para mí era como una cura. Siempre has sido más. Más de lo que puedo esperar. Porque tú siempre me afectas más de lo que deberías. En cada momento en el que estoy mal, me acuerdo de tus palabras, esas que me alegran la vida; y es que ya no puedo estar mal. Pensar que estarás ahí en cuanto te hable es suficiente motivo como para que ni si quiera tenga la necesidad de hacerlo. Porque tú estás hasta cuando no estás presente. Porque puede que no lo hagas físicamente, pero en mi corazón, y en mi mente, siempre ocuparás un lugar especial. Gracias por ser mi compañero fiel, por ayudarme a borrar la oscuridad y demostrarme que la verdadera amistad existe. Por hacerme sentir que no estoy sola, por quererme, y hacerme querer. Gracias por ser mi mejor amigo, porque no encontraré a otro como tú y, teniéndote a ti, tampoco lo quiero.

domingo, 1 de julio de 2018

Amistad

¿No os fastidia cuando estáis mal, contáis a una persona lo que os pasa y, cuando se da cuenta de que no estás receptivo, o no puede hacer nada, decide dejar de hablar? No lo sé, tal vez sea solo cosa mía, pero cuando alguien me cuenta un problema, incluso si no puedo hacer nada, me quedo tratando de ayudar, aunque tan solo sea con apoyo moral, buscando las palabras exactas que decir. Porque a veces es todo lo que necesitamos, saber que esa persona va a estar ahí. Pero no sé, supongo que es culpa mía por seguir esperando cosas de la gente, solo porque yo estaría dispuesta a dar cualquier cosa por tratar de ayudar. Se me sigue olvidando que no todo el mundo es así, y me sigo decepcionando yo sola. Otra vez. Porque me gustaría que siguiesen intentando luchar por quedarse a mi lado en mis malos momentos, hasta si eso supone soportar mi mal humor, y mis malas contestaciones, mis negativas y pesimismo, ¿pero acaso no se supone que cuando una persona es tu amiga, debe estar ahí cuando estás en esas facetas? Porque si no está en esas facetas, ¿realmente vale la amistad? ¿De verdad te quiere tanto como dice, cuando ni si quiera lucha por querer ayudarte y estar junto a ti, y huye a la más mínima posibilidad?

¿Quién podria amarme a mí?

¿Quién podría amarme a mí? A mí, que me gusta ayudar a los demás a pesar del precio que tenga que pagar por ello. A mí, que me va la vida en intentar que exista un mundo mejor. Que siempre estoy para todo el mundo, y me encanta escuchar y aconsejar. A mí, que me encanta saber, leer, cocinar, bailar, viajar. Vivir. ¿Quién podría amar a una persona de mentalidad abierta, dispuesta a luchar por cualquier causa que considere correcta? Una persona que no considera que lo mejor sea ganar, sino que el proceso que ha tenido que pasar para llegar a los resultados. Que no tiene mal perder. Una persona que siempre te dirá la verdad a la cara, sin rodeos, aunque esta duela más que nada. Alguien que no siempre dice te quiero pero que, cuando lo hace, lo dice de verdad. Al igual que los lo siento. Alguien que acaba perdonando todo, y dando otra oportunidad, porque cree que todo el mundo merece poder intentarlo una vez más. ¿Quién iba a amarme a mí? Si yo solo soy una persona con notas mediocres, que se dedica a escribir, como remedio para la vida, y que se calla todo para sí. Yo, que no considero tener casi amigos, pero que, los que tengo, son de lo mejor. Yo, que lo daría todo por otra persona y que soy... Simplemente yo.

Ojos color almendra

Cierras los ojos, no soportando más ese rubor que se extiende por tus mejillas, y que te hace tan bonita. Aprietas con fuerza, pensando que, así, todo desaparecerá. Pero no lo hace; jamás lo hace. Y, entonces, te llevas una mano a tu cabello, sedoso por haberlo cepillado hace tan solo unas horas, que desprende ese olor tan característico tuyo, a coco, y a esa otra cosa que jamás soy capaz de identificar, y que nunca lo haré, porque ese olor te pertenece tan solo a ti y, por más que busque, no lo hallaré. Entonces abres los ojos, esos que te brillan tanto, de vergüenza, pudor. Dios, ¿cómo puedes ser tan bella? Y qué pena, de verdad, qué pena de que tú no te des cuenta. Con esos ojos tan grandes, del color de las almendras, y esos labios que se entreabren, dejando correr tu nerviosa respiración. Con aquella nariz, esa que siempre dices que es demasiado grande, pero que a mí me parece que encaja a la perfección. Y te tomo la mano, con fuerza, porque sé que cualquier cosa que te diga, no te hará darte cuenta de tu belleza; pero quiero demostrártelo, cada día. Porque es el único modo en el que sé hacerlo. Y cuando tus dedos se entrelazan con los míos, sé que, en el fondo, sabe que es preciosa. Solo que todavía no es capaz de verlo.