miércoles, 16 de septiembre de 2020
Princesa en llamas
Suenan las campanas a lo lejos como aviso de que salgan del castillo. Los muros se vienen abajo. La guerra ha comenzado y el fuego arrasa con todo rastro de madera. Solo se escucha el bullicio de pasos apresurados por dejar el lugar atrás, gritos de terror y nombres que salen de bocas desesperadas. Todos huyen lo más lejos que pueden de allí. Y, sin embargo, la princesa se mantiene en silencio, atrapada en la torre. Nadie se ha acordado de darle la llave, y no hay ningún valiente caballero que esté dispuesto a salvarla. Así que allí, en lo más alto del reino, solo habita el silencio en medio del mayor caos. Si alguien hubiese girado la cabeza en su dirección, se habría dado cuenta de que tan solo con aquellas lágrimas que la princesa derramaba habría bastado para apagar las llamas del reino entero. Pero nadie la ve. Para ella no hay finales felices como los que se narran en los cuentos de hadas, no hay príncipes dispuestos a sacrificarse por ella, ni plebeyos enamorados que quieran ayudarla. El castillo se viene abajo y ella también. Acaba sepultada por las rocas que una vez la alzaron, carbonizada por el fuego que tiempo atrás poseía en su mirada y en su corazón. Y, sin embargo, ahora allí ya no queda nadie, ni nada.
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