viernes, 23 de agosto de 2019

Llegar a casa

Estoy cansada de tener miedo, de cambiarme de acera y de no poder volver sola a casa. De correr hacia la puerta con el corazón en un puño y suspirar cada vez que llego sana y salva. Estoy cansada de agachar la cabeza y fingir que hablo por el móvil cada vez que me muero de miedo, de enviar una descripción del tipo que no para de mirarme lascivamente porque y si... Y si me hace algo, y si no llego a casa hoy, y si los piropos vulgares se vuelven en caricias atrevidas o golpes feroces. Y si nadie me escucha al gritar, y si nadie es lo suficientemente valiente como para hacer algo al ver esto. Y si dicen que fue culpa mía, por no defenderme contra alguien más fuerte que yo, por no gritar más alto, por haber llevado aquel día un vestido y no unos pantalones, por no haberme puesto chaqueta. Y si el canalla se va, sin ser culpable, y yo me quedo cargando por el resto de mi vida con su viva imagen; porque a veces no sé qué es peor, si vivir con ello o nunca llegar a casa. Pero me gustaría simplemente poder llegar, sin suspiros, sin carreras, sin agachar la cabeza tratando de no llamar la atención, sin tener que cubrirme por miedo, ni cambiar de acera a cada segundo, ni acelerar el paso cada vez que escucho que alguien se acerca. Quiero llegar sana, pero también libre.

martes, 20 de agosto de 2019

Te vas

Se me rompe el alma,
se me rompe un poco más;
cada vez que te escucho suspirar.

Se me rompe el corazón,
de verte a ti llorar;
no llores, mi amor,
no, por favor.

Se me corta la respiración,
cuando te escucho marchar.
Por favor no me dejes,
por favor, quédate.

Pero tú te vas,
te vas
y
te
vas.

En mi cabeza en bucle,
se repite el momento;
ese en el que me dijiste adiós.
Y todo se acabó.

Te suplico con los ojos que vuelvas;
pero ya estás demasiado lejos
y mi corazón demasiado roto.
Adiós, mi amor, adiós.
Estaré aquí si algún día decides regresar,
o no.

lunes, 19 de agosto de 2019

Amor a medias

Traición. Esa es la única palabra que se me ocurre para describirlo. Para describir lo que me has hecho; lo que me estás haciendo. No es justo, no es justo que te haya advertido desde el principio de que soy difícil de lidiar, de que soy fría, de que no soy como las demás; y que me digas que vale, que lo sabes, que me quieres igual. Pero luego no lo hagas de verdad y, a la más mínima brizna de frialdad, te alejes de mí. Como si todo fuese mi culpa, como si yo no hubiese sido arrastrada a esto a pesar de mis advertencias. ¿Y sabes qué? Que mejor no me quieras, si me vas a querer a medias, no me quieras; yo me merezco a alguien que me quiera por cómo soy, y no a alguien que decida alejarme por ello; y si tengo que morir sola, sin que nadie me quiera, bienvenido sea, al menos sabré que no soy querida a medias, con mentiras y falsas promesas. Prefiero el vacío y el silencio, donde nada ni nadie me dañaba, prefiero el pasado, donde nadie tenía paso a mi corazón, que estaba bien protegido; de ti, y de todos. Aun así dejé que lo cogieras, pensando que cuidarías de él y de mí, que nos querrías a pesar de todo, de cómo soy, de cómo era. Supongo que no, que era un amor a medias.

sábado, 17 de agosto de 2019

Chico perfecto

No fue hasta que te conocí que me di cuenta de que por personas como tú las historias de amor con el chico perfecto existen; y es que cada autor ha tenido la suerte de encontrarse con alguien como tú y retratarlo en bellas palabras de amor. Hoy escribo sobre ti porque, al igual que todos ellos, tú mereces ser inmortalizado en palabras también.

Háblame de ti

Cuéntame, cuéntame sobre ti. Pero no, no me digas lo que le dices a todo el mundo, no me hables en general. A mí me gustan los detalles, esos que siempre pasan desapercibidos pero que para mí marcan la diferencia. Cuéntame sobre el último libro que has leído, pero no, no me digas la historia; dime cómo te hizo sentir a ti. Háblame de cómo se te rompió el corazón al escuchar aquella canción y cómo el aroma a jazmín te devuelve una y otra vez al momento en el que todo cambió. Cuéntame cómo te sentiste cuando te traicionaron, cómo lo superaste, y qué pensaste al dar aquel primer beso; y el segundo, y el décimo. Háblame de aquel nuevo café que han abierto y al que te gusta ir de vez en cuando, el porqué te gusta tanto ese color y por qué la luz te parece más bonita al atardecer. Cuéntame qué había en aquella sala cuando te arrebataron el corazón con una devastadora noticia y, por favor, llora, si tienes que llorar, llora; y si te quieres reír hazlo también, pero cuéntame tu historia, la de verdad. La que cuenta, la que te describe, la verdadera, la que te hace ser tú.

jueves, 15 de agosto de 2019

Ojalá seas para mí

Hoy me pregunto al igual que unos meses atrás si eres para mí, si los meses se convertirán en años y las discusiones de primerizos quedarán olvidadas tras años de experiencia. Me pregunto si me despertaré cada día a tu lado, abrazados, y si en las noches cuando me quiebre tras un mal día me secarás las lágrimas. Me pregunto si me darás la mano al caminar, provocándome esa extraña sensación de seguridad. Si mis ojos seguirán brillando al oír tu nombre, al verte, al pensarte, al sentirte. Y ojalá que la respuesta sea que sí, ojalá que tú seas para mí, que nos sigamos eligiendo cada día a pesar de todo, que no nos cansemos de entendernos, conocernos, de querernos.

martes, 13 de agosto de 2019

Hazlo

Si llevas tiempo pensando sobre si hacer algo pero no te terminas de atrever, este texto es para decirte que lo hagas. Vamos, hazlo. Deja de ponerte excusas, de aplazarlo, de escuchar a quienes te dicen que no. Deja de darle vueltas y más vueltas, de encontrarle pegas cada vez, de verle peros al asunto. No importa si la idea se te vino a la cabeza hace tres segundos o tres años, tienes que hacerlo, tienes que atreverte. Tienes que dejar de esconderte entre la indecisión y la incertidumbre, el miedo y la inseguridad. Si por alguna casualidad has llegado hasta este texto tómatelo como una señal de la vida, un empujón que te está dando. Si al leer esto se te ha venido a la cabeza algo que quieres hacer; simplemente hazlo.

Pesadillas

Últimamente me persiguen las pesadillas; de noche y de día. Cierro los ojos y las veo; los abro y me ven ellas a mí. Hacen que me despierte una, dos, tres y hasta cien veces por las noches, haciendo que mi descanso sea nulo. La debilidad me está matando, apenas soy capaz de hacer nada, simplemente no tengo fuerzas para ello. Y sigo echándole la culpa a todo y a todos, siempre a causas ajenas que no tienen nada que ver conmigo, siempre asumiendo que soy la víctima, quien paga el plato, y no la culpable. Taz vez lo soy, tal vez me merezco todas y cada una de las noches de insomnio, tal vez me merezco las pesadillas; al fin de cuentas las producen mi mente, puede que me atormente a mí misma con errores presentes y pasados. Quizá esté cansada de mí misma, de en quien me he convertido. Quizá ya no me soporte más.

domingo, 11 de agosto de 2019

Me pregunto qué se siente al estar bien

Me pregunto qué se siente al estar bien, al no tener la sensación de que me están desgarrando el corazón, que me estoy desangrando y que con cada paso que doy tan solo estoy más cerca del final. Y que lo peor de todo sea que yo tan solo quiero llegar, quiero que acabe. No quiero sentir más este dolor, no quiero cargar con este constante malestar que ya ni me deja respirar en paz. Quiero cerrar los ojos y sentirme bien, con ganas de seguir, con fuerzas para salir adelante y no para simplemente estar, que ni vivo ni muero, soy un zombi con careta que se cuela entre las vidas de los demás sin que sean capaces de identificarme; aunque muchos son los que dirían que no tengo sangre en las venas. Puede que sea verdad. Hace mucho que ni los latidos del corazón siento y, cuando miro a los demás, me vuelvo a preguntar cómo será, cómo será sentirse vivo, feliz, bien.

Lo que duele perderte

Solo ahora que estoy sola me doy cuenta de lo que duele perderte, estar lejos de ti, no tenerte y, lo que es peor, saber que ya no hay vuelta atrás. Que ya no habrá un futuro para nosotros dos; no juntos. Y cuento las estrellas como si hacer tiempo fuese a traerte de vuelta, tiro piedras al mar esperando que se queden por siempre aflote pero, al igual que nuestra relación, al cabo de unos pequeños saltos se acaban hundiendo; segundos que para nosotros dos fueron una pequeña eternidad. Miro fotos con la certeza de que ya no tendré el valor de borrarlas; ni tampoco de verlas con aquellos ojos de felicidad. Ahora solo me quedan el dolor, la tristeza, el desconcierto y los recuerdos. Y la irremediable sensación de que pude haber evitado todo esto; pero no lo hice. No sé si fue por orgullo o por cobardía, pero hoy deseo haberte gritado más fuerte que te quería, igual así, con suerte, mientras te marchabas me hubieses escuchado. 

lunes, 5 de agosto de 2019

Noche

Noche ausente;
que ni en pasado ni en presente.
Noche demente;
que me consume lentamente.
Noche clemente;
que a veces escucha atentamente.
Noche sonriente;
que me ilumina vehementemente.
Noche carente;
que hace que solo estés en mente.
Noche adyacente;
que suma pero solo cuando miente.
Noche creciente;
que termina cuando eres más que ente.

Deja de juzgar

Me hablas de amor cuando el primero que no tiene ni idea eres tú. ¿Quién crees que eres para juzgar mi forma de amar? Que no por publicarlo amo más, que no por llorar siento más intensidad, ni por ir con cara de niña enamorada voy a estarlo. Deja de pensar que el amor es lo que te muestran en las películas, que no tienes que sentir mariposas, que puedes tener dudas y te puedes priorizar y no por ninguna de esas cosas significa que no ames de verdad. Que para amar solo se necesita sentir amor, y amor es una palabra muy grande que no todos interpretan igual, que amar se ama de muchas formas y no por no hacerlo de tu manera significa que no ame. Deja de juzgar, deja juzgar la forma en la que yo quiero porque yo quiero con intensidad, pero no significa que la tenga que gritar a los cuatro vientos, que yo amo, pero lo amo a él, así que no me digas que yo no quiero, porque no es a ti a quien se lo tengo que mostrar.

Pozo sin fondo

Me vuelvo a encerrar en la oscuridad, con lágrimas que nunca se derraman y el sonido de tus palabras martilleando mi cabeza cada vez que se repiten. Tengo que huir porque, de no hacerlo, no creo que vaya a lograr aguantar. Ni palabras de consuelo me ayudan cuando me hundo en este pozo sin fondo, ni que me des la mano lo hará. Estoy tan honda que aquí ni siquiera llega la luz, me hundo tanto que dudo que algún día pueda llegar a salir. Tú dices que me atrapas, que te lanzarás a por mí; pero las palabras no son más que palabras, y yo siempre he sido de hechos. Si quieres lanzarte no me lo digas, hazlo. Supongo que tan solo eres otro cobarde que poco a poco me empuja más hacia la oscuridad del pozo y gracias a ello ahora noto el chapoteo del agua cuando me sumerjo. No puedo salir. No quiero salir. Por favor, ven a por mí.

Meteorito

Estoy tan cansada, de hablar y no ser escuchada, de palabras vacías y promesas incumplidas. Porque hoy la palabra ya no vale nada y, para mí, sigue siendo todo. Estoy tan cansada de gritar para ser escuchada que al final me quedo sin voz, así que me callo. Me callo, me callo y exploto. Y el mundo ni siquiera es capaz de oír la explosión. Tan solo soy una estrella más que se estampa y que deja de aportar su luz; un meteorito al que algunos han visto fugazmente y le han pedido un deseo, que a veces cumple y otras no, un meteorito que para cuando llega a su destino su impacto es tan minúsculo que no llama la atención. Así que se queda en mitad de la nada mientras todos pasan por encima hasta que queda tan cubierto que desaparece. Cubierto por los logros de otros que sienten la satisfacción de lanzárselos a la cara, personas que deciden que para brillar tienen que tapar la luz de otros, personas que se creen mejores, más guapas, con más talento. Personas que piensan que no eres nadie, que te usan de segundo, tercer o cuarto plato; y, a veces, como sobras. Personas que te pisan, que te apagan, hasta que aquella estrella con tanta vida acaba enterrada, siendo tan solo una piedra; sin ningún tipo de luz o ilusión.