Fuimos guerra intensa, sangrienta, duradera, de esas que destrozan todo a su paso. Egoístas. De esas guerras que malgastan todo en armas, con apariencias de que todo va bien, cuando realmente están destrozadas, sin que les quede nada. Fuimos la guerra que, queriéndolo o sin querer, implicó a más personas, lastimándolas pero, a pesar de ello, quienes más salimos lastimados fuimos tú y yo. Tú, por comenzar con la guerra, y yo, por decidir ponerle fin de la manera más fría posible. Y aceptaste, aceptaste aquel tratado tan descabellado, y que te perjudicaba tanto, con tal de terminar la guerra porque, a pesar de todo, yo te importaba, lo suficiente como para querer zanjar el asunto, incluso si aquello, a la larga, acababa destrozándonos a los dos.
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