lunes, 31 de mayo de 2021

Te recuerdo por los motivos equivocados

Te echo de menos y me siento una hipócrita por ello. Porque no, no te extraño a ti, lo que anhelo es cómo estabas ahí para mí. Y ahora ya no hay nadie. No pienso en ti. No te quiero a ti. Me quiero a mí, a cómo me sentía junto a ti. Me reprendo por ello, porque no es justo, porque está mal y te mereces más, ¿pero no lo merezco yo también a caso? Supongo que no, porque nuestras vidas continúan separadas y ya ni siquiera sé cómo estás y, ¿sabes qué es lo más triste de toda la historia? Que ya me da igual. No pienso en ti, en lo que tuvimos, en lo que fuimos. Extraño la sensación de ser querida, de apoyarme siempre, de estar ahí en cada paso. Pero no a ti. No a tus palabras que me hicieron tanto daño, ni a tus actos que me lastimaron, ni a tu persona, que definitivamente no estaba destinada para mí. Echo de menos que ante todo y sobre todo me elijan a mí, que se queden a mi lado a pesar de ser yo, y me aterra profundamente la idea de que eso no vaya a suceder jamás. Así que discúlpame si te recuerdo por los motivos equivocados, a mí también me gustaría pensar en ti y darme cuenta de que por fin te he perdonado, supongo que me estoy acercando, porque ahora, al menos, te recuerdo por los buenos sentimientos. 

sábado, 29 de mayo de 2021

Poética o patética

La chica de las mil estrellas volvió a sentirse sola, y ya no sabía si lo suyo era cuestión de poética o de ser patética. Al final, lo mismo daba. El resultado era el mismo. Durante las noches miraba el cielo con la esperanza de verse reflejada en cualquier lugar, pero ni una sola estrella le devolvía el brillo que ella esperaba. Era única y eso la hacía especial, pero también incomprendida. Y, sobre todo, la hacía sentir única en el mundo, con todo el significado de la palabra. Única, porque jamás habría otra igual a ella. Única, porque allí, donde se encontraba, no había nadie en lo absoluto. Así que de nada le servía ser especial, muy pronto se dio cuenta de que a la gente de aquel mundo le gustaba lo ordinario y aquellos que salían de esos estándares eran los raros. Y ella, de entre todos, ocupaba la mayor rareza. 

Fiel a mí

Las palabras me rompían poco a poco, como un cristal que comienza con una pequeña grieta que acaba en pedazos. Decían que era por mi bien, que necesito cambiar, que así se marcharán. Y a mí me golpeaba el dolor tan fuerte que me taponaba los oídos. ¿Es que no me querían? ¿A caso todos esos años no habían servido para nada? ¿O era yo la que estaba demasiado rota como para querer en sus vidas? Lanzaron mis defectos a la cara, como si eso es todo lo que yo fuese, un puto desastre sin nada que salvar. Y la culpable era yo. Yo. Yo. Por ser como soy, por ser yo, yo y mil veces yo. Y es que, al parecer, yo no soy suficiente. Ni buena, ni querida. Yo soy una carga, alguien a quien soportar, no a quien amar. Y yo lloraba por dentro mientras me lo decían, porque sabía que mostrar mi dolor les iba a incomodar, saber que no soy ese monstruo frío que habían pintado en sus cabezas. Años, han sido años de palabras a mi espalda, de comentarios hirientes y falsa amistad, y a mí no me decían nada. Ahora, sin embargo, se me exige un cambio para estar a su lado, y yo me pregunto si merece la pena, si me quieren a mí o a esa imagen perfecta que se han formado en su cabeza de lo que podría llegar a ser. Y supongo que no, que no me merecen, ni me quieren, porque si fuesen mis amigos de verdad entenderían que soy mucho más que mis defectos y que tengo tanto de bueno como de malo. No se habrían planteado abandonarme, ni me tratarían ahora como a un expresidiario al que dan una segunda oportunidad cuando mi único crimen ha sido ser fiel a mí.

Fingir o soledad

A veces siento que soy una persona horrible, que no merece la pena, a la que no se debería querer. Y, a veces también, me demuestran que así es. Sé que hay mil motivos para salir corriendo al conocerme, que soy difícil de lidiar y que no todo el mundo está dispuesto a soportar, pero no me lo esperaba. Las últimas personas que pensaba que me dejarían han traicionado mi confianza. Dicen que tengo que cambiar, que no me van a querer así, como soy. Que la relación ya no es igual, que se van. Y yo solo sé llorar. Ahora yo pregunto, ¿qué se supone que tengo que hacer? ¿Cambio mi forma de ser para encajar, finjo para que me acepten y me quieran? ¿O me elijo a mí, aunque eso suponga quedarme completamente sola? Y supongo que la respuesta, en el fondo, es fácil. Quien decide darte por perdido en lugar de amarte con lo malo, quien necesita que seas perfecto para estar a su lado, ese no te quiere de verdad. Ese solo se ama a sí mismo y te considera inferior, alguien que debe girar a su alrededor. Y no, yo no sé si me merezco más que eso, si realmente valgo la pena o debería cambiar para que así alguien, aunque sea falso, me quiera. Pero me he pasado la vida sola, y ya no creo que me compense cambiarme para gustar a los demás. 

lunes, 24 de mayo de 2021

Te quiero como se quiere a quien ya no está

Escribes las palabras más bonitas del mundo sin pretender hablar de belleza. Hay dolor en cada letra, como si el alfabeto estuviese compuesto por las iniciales de todos aquellos que te hicieron sufrir, y tal vez sea así. La prosa se vuelve poesía cuando viene de ti, haces que cada verso cobre una magia especial porque todo lo que escribes refleja lo que llevas dentro y, si te soy sincera, yo solo veo al chico que sigue luchando. Aquel que, a pesar de todo, no se da por vencido. Sé que estás roto y que te lastima todo a tu alrededor, que estás cansado de escuchar que todo irá a mejor con el tiempo y que crees que todo va a estar mal. Pero yo te prometo que no, que aunque la inseguridad te arrebate esa pizca de felicidad, algún día estarás bien de verdad. Solo te pido que, mientras tanto, no dejes de mostrar tu arte, todas esas partes que te hacen ser tú, esas tan rotas y a menudo tan desoladas. Yo te quiero así, te conocí roto y te he visto sanar poco a poco. Te quiero con tus fantasmas, tus dudas, tus inseguridades y tus demonios. Te quiero con tus palabras de aliento, tus risas y tus lágrimas. Te quiero como se quiere a quien ya no está, porque cada día se pierde una pequeña parte de ti para dar paso a una nueva, y yo quiero amar hasta a aquellas que se fueron y no volverán. 

Quiero volver a ser yo

Quiero volver a ser yo. Y esto es lo más difícil a lo que me he tenido que enfrentar jamás, porque vivo en una lucha constante entre mil versiones de mí que tiran hacia todos lados, sin dejarme decidir. Quiero hacer todo y, a la vez, no tengo fuerzas para nada. Me gustaría poder decidirme y tener la fuerza de voluntad suficiente como para poner rumbo a mi vida, pero no lo consigo. Me hundo. Y me ahogo. Me quedo sin respiración en una laguna formada por mis propias inseguridades. Ojalá lograse hacerla desaparecer. Ojalá pudiese decir basta y volverme a conocer, pero ya no sé quién soy, ni quién quiero ser. Y de todas las cosas, es la incertidumbre la que más me aterra, porque parte de mí se teme que ya nunca más me vuelva a encontrar. 

miércoles, 19 de mayo de 2021

Indigna de amar

Hoy me ha vuelto a pasar. Me han hecho sentir que no merezco la pena. Que no soy suficiente, que jamás lo seré. Ni guapa, ni lista, ni valiente. Ojalá alguien supiese verme de verdad, solo pido que me conozcan y no salgan corriendo, que se molesten en ver más allá de la fachada y de las barreras que impongo al querer entrar. Estoy triste y decepcionada conmigo misma por creer que esta vez sí que iría bien, como si a mí alguna vez me funcionasen las cosas. Estoy enfadada por hacerme ilusiones cuando debería saber de sobras que en el amor no me irá bien jamás. No soy la chica de la que se enamoran, soy aquella con la que se entretienen mientras conocen al amor de su vida, y está más que claro que yo no soy el de nadie. Que vagaré sola sin saber qué es eso que está tan mal conmigo, qué es lo que tengo tan podrido como para que no se me quieran ni acercar. Y, una vez más, descubriré que no es nada que pueda controlar, que es el mundo el que está corrompido y que pocos son aquellos que se atreven a amar de verdad. 

jueves, 13 de mayo de 2021

Presión

La presión no me deja avanzar. Ese pensamiento constante de que tengo que ser la mejor, que debo destacar y rozar la perfección. La angustia de estar a la altura de todas las expectativas depositadas en mí, como si yo no fuese alguien fácil de quebrar. ¿Y si no quiero hacerlo? ¿Y si estoy cansada de vivir para los demás? De cumplir con plazos imposibles, tareas agotadoras y críticas abusadoras. No quiero que me miren, me gustaría hacerme lo suficientemente pequeña como para escapar de la vista de todos. No quiero que me juzguen y me digan que yo puedo dar más de mí, porque sé que sí, pero ¿a costa de qué? ¿Mi salud física y mental? Quizá ya no me parece un pago justo, igual prefiero encogerme y desaparecer, dar lo necesario y recibir lo mínimo. Después de todo, el que más da no es siempre el que más recibe, y eso lo he aprendido ya. Así que me hundo entre las sábanas y espero a que nadie me venga a buscar, ni a recriminar, porque no creo tener el valor suficiente como para enfrentarme a ello siquiera. 

viernes, 7 de mayo de 2021

Me duele más la traición que la ausencia

Me prometiste que tú no te marcharías, me recalcaste una y mil veces que no eras como los demás, que no te podía comparar. Y, mira por dónde, resultaste ser todo aquello que temía y de lo que tanto renegabas. Dijiste que, si te ibas, antes me lo dirías, pero hoy estoy aquí, sin ti, y ni siquiera sé el porqué. Fue lo único que te pedí. Lo único. Y no lo supiste cumplir. Me abrí por completo a ti, te conté mis inseguridades y mis miedos más profundos, pensando que tú lo entenderías, que no me harías lo mismo. Ahora, sin embargo, veo que todo lo que te conté te dio igual, porque si de verdad te hubiese importado, jamás me habrías hecho esto. Has destrozado a la pequeña parte de mí que todavía confiaba, ahora ya no soy capaz de abrirme a nadie más, demasiado asustada de que se vayan también. Y me vuelvo a preguntar qué es eso que está tan mal conmigo para que nunca se quieran quedar. Lloro en silencio, en la incomprensión de la noche, en la soledad del día, en la quietud de la vida. No estás y me duele más la traición que la ausencia, que me quema por haberme creído todas tus mentiras. Me arde no saber los motivos, que te marches sin despedida, ni explicaciones. Me dejas rota, como siempre he estado, como nunca he querido aceptar que soy. ¿Y sabes qué es lo que más me duele de todo? Seguir a la espera cada día de que vuelvas, y me demuestres que no eres como los demás, que tú sí te vas a quedar. Y me odio por confiar en ti cuando no vas a volver a por mí.