Cuando te conocí no pensé que fueses a ser tan importante para mí. De hecho, tan solo eras otra más en la multitud; alguien que estaba sin estar. Hasta que, de repente, ya no solo estabas; eras. Eres, en presente y, espero, que en futuro. Eres la persona con la que hablo cuando ni si quiera hablo, que contigo no necesito buenos días ni buenas noches, con mandarte un mensaje de cualquier cosa nos basta. Que cuando se me rompe el corazón en mil pedazos me ayudas a recogerlos y cuando solo quiero llorar me haces reír una vez más. Estás cuando ni si quiera sé que necesito que estés; y cuando nadie más lo está. Me acompañas en la angustia y en la felicidad y, cuando algo me ocurre, tu nombre es lo primero que salta en mi mente. Contigo no hablo todos los días, no porque no quiera, sino que porque no lo necesito; sé que en cualquier momento puedo contar contigo. Y cuando rompo en lágrimas tú las cambias por risas; cuando necesito consejo tú me aportas tus palabras y, cuando necesito compañía, tú me das la mano. Vivía con miedo a la soledad hasta que me di cuenta de que sola nunca iba a estar si podía caminar por la vida junto a ti.
jueves, 30 de mayo de 2019
miércoles, 29 de mayo de 2019
Corazón
Aquel día el corazón, os juro, que se salió de su lugar; golpeando mi pecho tan fuerte que pensé que se me iba a escapar. Se agitó como un preso inocente que arrestan contra su voluntad, gritando que por qué. Mi corazón le estaba gritando a Dios. Y gritó tan fuerte que se partió en dos; o quizá fue Dios, castigándolo por su insolencia. Todavía hoy me pregunto cómo puede seguir latiendo después de aquello, con esa sinfonía constante y traqueteante, luchando hasta cuando ya no le quedan motivos para seguir hacia delante. Y también le pregunté a Dios que por qué me hizo aquello a mí, como si aquella tragedia no hubiese sido suficiente sufrimiento ahora también tenía que lidiar con un corazón defectuoso. Se rio de mí. Y me dijo algo que todavía sigo repitiendo constantemente en mi mente. Mi dulce niña, me dijo, cuándo comprenderás que defectuoso consideras a todo aquello que se sale de lo normal cuando defectuoso no hay nada en este mundo, solo distintas formas de ver las cosas. Y que yo no doy algo por nada, todo tiene un por qué, aquella pérdida que te rompió el corazón en dos tan solo sirvió para fortalecerte; y mírate, que ahora, en lugar de un corazón, tienes dos.
martes, 28 de mayo de 2019
Cigarrillo
Suspiro y el aire gélido que se escapa de entre mis labios se entrelaza con el humo de tu cigarrillo hasta perderse. A veces desearía poder perderme yo también, así, tan rápido, tan sencillo. Tan indoloro. Tiras la colilla al suelo y la pisas, te frotas las manos y las metes en los bolsillos. Me miras. Me miras y sin decir palabra me preguntas que qué me pasa, que por qué esa cara, pero mi vista se dirige a la colilla. A lo que queda de ella. ¿Me ves a mí así también? Algo que usas y con lo que disfrutas pero que, al poco tiempo, tiras y pisas sin mirar atrás. No te molestas en recogerla y tirarla al lugar apropiado, la dejas ahí y esperas a que otra persona la acabe recogiendo o a que, al final, el viento se la acabe llevando. De hecho, ni si quiera te importa eso. No creo que pienses en ella en lo absoluto. ¿Y en mí? ¿Piensas en mí? ¿En cómo me siento cada vez que me dices que lo sientes, que no volverá a ocurrir, pero que acabas haciendo una vez más? Y te miro, esta vez sí que te miro, y te contesto pero, al igual que tú, no lo hago con palabras. Camino lejos de ti, suspirando de nuevo, pero esta vez soy capaz de ver el vaho sin mezclarse con tu humo gris.
miércoles, 22 de mayo de 2019
Vuelvo a por ti
Te abandono en mis mejores momentos, demasiado ocupada como para prestarte atención, y luego, cuando las cosas van mal, vuelvo a ti. Egoísta y aprovechada, demasiado centrada en mí como para ver más allá de lo que tengo frente a mí. A veces, ni si quiera veo más allá de un palmo. En ocasiones incluso no paso de mi propia nariz. Y vuelvo a por ti, cuando mi corazón está hecho trizas, mi mente empantanada y me tiembla el alma. Una y otra vez, lo hago sabiendo que siempre estarás aquí para mí, que no tienes otro remedio que aguantarme. Que mis palabras quedarán grabadas en ti sí o sí. Y me alegro una vez más de que no puedas decidir, porque me temo que, de poder hacerlo, hoy no estaría escribiendo aquí.
miércoles, 8 de mayo de 2019
Me perdono
Vuelvo a hacerlo mal, cometo los errores que me prometí no repetir más. Y, sin embargo, aquí estoy una vez más. Ahora me pregunto de qué vale prometer imposibles si al final tan solo serán palabras vacías que no llegarán a nada. Me perdono una vez más, por mis errores, por no aprender de las lecciones, me perdono porque esta vez no me hago falsas promesas. Volveré a fallarte, y a fallarme a mí misma. Lo sé porque yo soy así y, aunque no quiera serlo, no logro cambiar. Lo siento una vez más, por dañarte, por decepcionarte, por tenerme que aguantar. A veces tengo miedo de que te canses, de mí, de mi mal humor, mis dudas, mis inseguridades y defectos. Tengo miedo de perderte pero, de entre todos los motivos, el que más me dolería sería perderte por cómo soy. Tú dices que no tiene sentido preocuparse, ya que me quieres por mí, y ¿no es irónico? Que aquello que te atrajo en un primer momento sea lo que te acabará por alejar.
sábado, 4 de mayo de 2019
Ausencia
Han pasado algunos meses desde la última vez que supe de ti. De hecho, fui yo la que te mandó lejos, la que te pidió no volver a estar en su vida. Creo que ahora me arrepiento. Al principio no te echaba de menos, ni si quiera me acordaba de ti pero, conforme pasa el tiempo, más me doy cuenta del peso de tu ausencia. Tenía tan asumido que siempre ibas a estar ahí para mí que ni si quiera pensé en la posibilidad de que te mandaría tan lejos que ya nunca volverías. Y hoy me pregunto si ya es demasiado tarde para recuperarte, si hablarte es un error o el error es callarme.