Lo confieso, soy culpable de mis pensamientos, soy culpable de quererlo, de soñarlo, de desearlo.
Soy culpable de palparlo y admirarlo, de tocarlo y de besarlo. Todo con la mirada.
Soy culpable, lo admito, porque no me arrepiento de ello. Cuando me mira con esa sonrisa, con esa sonrisa que me quita hasta el aire, se me olvida todo lo demás. Ya no existen llantos ni palabras al vacío. Ya no hay nada más. Lo único que queda es su sonrisa, porque déjenme decirles que esa sonrisa podría iluminar el mundo entero si se lo propusiera.
Porque esa sonrisa podría matarte de tan solo admirarla. Esa sonrisa es tan deslumbrante , que no podrás simplemente borrarla, porque una vez que la miras, ya no hay vuelta atrás.
miércoles, 4 de mayo de 2016
Soy culpable
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