Hacemos las cosas con prisas, para poder acabarlas pronto, y no nos damos cuenta hasta que las terminamos que es así. Llegaron a su fin. Las prisas hicieron que no lo disfrutáramos ¿y todo para qué? ¿para tener unas horas vacías en las que no hacer nada? Para mí, desde luego que es peor sufrir el sentimiento de vacío que queda al finalizar algo y ni si quiera haberlo disfrutado, que tener unas horas de tranquilidad infructífera. Pero como siempre, parece que el mundo no piensa igual que yo. Porque el mundo siempre decide ir en mi contra, todos lo hacen. Es como si viendo que el color es negro se empeñasen en demostrarme con teorías de lo más estúpidas que es blanco. No me lo creo y, sinceramente, nunca lo haré. Así que intenten lo que quieran, trátenme de loca, si es lo que desean. A mí, honestamente, me da igual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario