domingo, 22 de mayo de 2016

Mentiras

Hay momentos en la vida en los que ni si quiera se requieren palabras porque aquello que se quiere decir simplemente ya está dicho, tan solo con la mirada. Y esos momentos pueden ser los más difíciles, porque pueden ser para bien, pero en la mayoría de los casos... Bueno, pues no lo es. Es esa mirada, tan dura, tan gélida, tan glacial, esa que te parte el alma en dos y te deja sin respiración.  La que te clava un puñal en la espalda y otro en el corazón, profundo y doloroso. Y que te deja agonizando mientras se queda ahí, mirándote, como si realmente no quisiese matarte, como si el puñal no fuese suyo. Te mira diciendo que no es verdad, y tú le gritas que aparte la mano, pero no lo hace. Te grita que no te está clavando nada. Mentiras. Todo son mentiras. Y después se van, con lágrimas en los ojos. Mentirosos. Son unos mentirosos. Y te dejan de rodillas, en el suelo, agonizando hasta la muerte. Y mueres, por un puñal y unas mentiras dichas por la persona que pensaste que jamás te dañaría.

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