martes, 10 de agosto de 2021
Vamos despacio
Contemplo tu rostro bajo la penumbra mientras mi cuerpo se enlaza con el tuyo desnudo. Nos quedamos así, mirándonos fijamente, y ni siquiera me salen las palabras para expresar lo que me haces sentir. Esa calma, el silencio reconfortante y la sensación en el estómago tan inexplicable, como ponerse frente a la chimenea un día frío y lluvioso de invierno. Estamos desnudos y no sentimos el impulso de hacer nada porque nos gusta estar así, tan cerca, de esa manera tan íntima. Hablamos, reímos, nos abrimos el uno al otro. Me dices que nunca habías estado así con alguien, que te hago muy feliz. Tú también a mí. Y los dos tenemos miedo porque todo es demasiado perfecto y estamos acostumbrados a que las cosas nos salgan mal. Por eso vamos despacio y no nos atrevemos a dar el paso definitivo, nos quedamos sin la etiqueta aunque por dentro los dos sabemos que actuamos como si la tuviéramos. No nos importa, nos entendemos, no necesitamos más. Ambos sabemos lo que sentimos por el otro y, si sigue siendo así de bonito, supongo que podría decir que por fin sé lo que es aquello a lo que todo el mundo llama amor.
viernes, 6 de agosto de 2021
Jodidamente bella
Dios, pero qué guapa es. Juro que nunca había visto a una mujer tan jodidamente bella. Se sonroja cada vez que se lo dicen y aparta la mirada para dar las gracias. No se lo cree, no lo hace porque toda su vida le han hecho pensar lo contrario. Y estaban muy equivocados. Es bonita de la cabeza a los pies, tiene un brillo en la mirada que ya quisieran las estrellas y cuando sonríe parece que estalla todo el universo. Qué preciosa, de verdad, qué preciosa. Es que no te cansas de mirarla, podrías pasarte la vida entera contemplándola que te sabría a poco. Y con ella se quiere todo. Por toda la eternidad.
miércoles, 4 de agosto de 2021
Auxilio
Lo intento una vez más. Otra de tantas. Me abro con la esperanza de que alguien se lance a ayudarme, pero la respuesta siempre es que no. Nadie hace lo que yo haría sin que tuviesen siquiera que pedírmelo. Me rompe ver que ya no se interesan por mí y que yo trato de no ahogarme sin lograrlo. No sé cuántas veces más necesito ver que estoy sola para aceptarlo, que aquellas personas que antes eran mi todo, a pesar de los años, ya no son nada por mucho que yo las siga viendo igual. Se han olvidado de mí, me han dejado atrás. Es normal, yo también lo haría de estar en su lugar. Y, sin embargo, me duele. No puedo evitar el dolor. Me quedo atrás y no soy capaz de conseguir que alguien más se quiera quedar conmigo hasta que consiga levantarme, así que con el tiempo se me hace cada vez más duro siquiera intentarlo. Hay días en los que pienso que voy a morir de tanta indiferencia y ya no sé de qué forma gritar para que quienes dicen que me quieren se den cuenta de que pido auxilio. Me tratan de loca y puede que lo esté, pero quizá se deba a que nadie nunca me quiso ayudar. Y ya me cansa el estar siempre en tercer lugar, el no ser la persona de nadie, el no tener a quien correr a contarle lo que me ha pasado, porque a nadie le importa de verdad. A veces pienso en los agradecimientos de los libros y en cómo las páginas se llenan de los nombres de aquellos que tanto les han apoyado en el camino y me aterra la idea de no tener nombres que escribir. Me asusta que esto vaya a ser siempre así. Que ya no me vaya a querer nadie nunca más.
lunes, 2 de agosto de 2021
Ahora me callo
El miedo a quedarme sola me paraliza y, paradójicamente, así es como me siento todo el tiempo. Sola. Ya no tengo a quien contarle aquella tontería que me hizo tan feliz, porque a quienes solía contárselo siento que les molesto. De manera que ahora me callo y solo pienso en cuánto me gustaría que hubiese alguien con quien hablar sobre cualquier cosa sin sentir la angustia aplastante de estar molestando. Empecé por callarme los pequeños detalles y acabé por no hablar en lo absoluto, y ahora ya no sé con quién quebrar este silencio que poco a poco me está matando. Ni siquiera soy capaz de escribir cuando antes era lo que hacía como una simple forma de vivir, y me da miedo darme cuenta que desde hace un tiempo solo sobrevivo. Me aterra aceptar que ya no hay quien me comprenda, ni quien lo quiera hacer.
Alguien con quien de verdad ser
Ya no soy capaz de plasmar lo que siento y a veces eso me revienta por dentro. Las palabras se me atascan en la garganta y no logro expresarme ni aunque piense mil veces antes lo que quiero decir. Puede que sea la inseguridad la que habla por mí. Esa vocecilla que me grita al oído que lo hago todo mal, que ya ni siquiera sé hacer eso que siempre ha sido tan mío y que pensaba que jamás me iban a quitar, pero resulta que sí, que ya no me siento cómoda ni en mi zona de seguridad. Y ahora ya no sé dónde refugiarme. He buscado en personas un lugar donde expresarme, pero siempre me acabo callando por sentir que soy un lastre al que nadie quiere escuchar. Así que ya no hablo, cuando antes corría a contar lo que me había ocurrido, ahora no lo plasmo ni en esas historias que tanta ilusión me hacía gritar al mundo. Se mueren las palabras, atascadas en algún lugar dentro de mí, ahogadas por esas lágrimas que tampoco dejo escapar. Ya no escribo ni le cuento sobre mí a nadie, porque ha llegado un punto en el que no me importa lo que me ocurre a mí, soy así de insignificante. O, mejor dicho, así es como me han hecho sentir. Una voz cada vez más acallada, que se hace más pequeña con cada ocasión en la que me han apartado la mirada al hablar, me han cortado en mitad de una conversación o directamente me han dejado sin responder. Y ahora ya no sé cómo volver, ni con quién. Ni si habrá alguien con quien de verdad ser.
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