Hay cosas que sencillamente no se pueden cambiar por más que nos gustaría. Que escapan a nuestro control. O simplemente ya es demasiado tarde para ello. Son las cosas que decimos sin pensar las que luego nos llevan a lugares en los que no nos gustaría estar y mi pregunta es, ¿lo merecemos? ¿de verdad? Todos cometemos errores, algunos más grandes que otros, ¿pero no precisamente por ello merecemos dar una segunda oportunidad? O tercera. O cuarta. Las que hagan falta. Creo en las infinitas oportunidades para aquellos que se la merezcan. La incógnita está en eso, ¿la merece? ¿realmente ha cambiado algo desde la última vez como para merecerla? Y la respuesta sigue siendo no. Y me pesa, porque sigo dando, esperando algo que jamás va a llegar. Y me duele, porque necesito algo que no voy a tener, porque si hay algo que sé, es que aquello que estaba tan bien una vez, ahora ya no lo va a estar más. Y, lo que más me fastidia de todo, es que en su momento no lo supe apreciar. Así que aquí estoy, esperando como una tonta a que alguien me de una oportunidad que jamás va a llegar, porque a veces se me olvida que el mundo no es como yo, y que yo de todas esas oportunidades no significa que alguien más las vaya a dar. Así que perdonaré sin jamás ser perdonada, siendo la chica tonta que he sido siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario