miércoles, 30 de agosto de 2017

Mi puerto

Navegué en tu mirada pensando que embarcaría en una gran travesía, pero tu sonrisa hizo que perdiese el puerto y navegase por aguas que desembocaban en tus mejillas. Cada lunar, un cabo por atar, partiendo por el oleaje de tu cabello y descendiendo por la pendiente de tu cuello. Tormentas, en forma de lágrimas, tambalearon mi barco impidiendo que llegase a puerto. Maltrecho y lleno de estrías, con la vela rota y la esperanza perdida, navegé, hasta que encontré el faro que me guió a tu corazón. Allí, eché el ancla y de aquel puerto jamás partí.

Perdonar

Hay cosas que sencillamente no se pueden cambiar por más que nos gustaría. Que escapan a nuestro control. O simplemente ya es demasiado tarde para ello. Son las cosas que decimos sin pensar las que luego nos llevan a lugares en los que no nos gustaría estar y mi pregunta es, ¿lo merecemos? ¿de verdad? Todos cometemos errores, algunos más grandes que otros, ¿pero no precisamente por ello merecemos dar una segunda oportunidad? O tercera. O cuarta. Las que hagan falta. Creo en las infinitas oportunidades para aquellos que se la merezcan. La incógnita está en eso, ¿la merece? ¿realmente ha cambiado algo desde la última vez como para merecerla? Y la respuesta sigue siendo no. Y me pesa, porque sigo dando, esperando algo que jamás va a llegar. Y me duele, porque necesito algo que no voy a tener, porque si hay algo que sé, es que aquello que estaba tan bien una vez, ahora ya no lo va a estar más. Y, lo que más me fastidia de todo, es que en su momento no lo supe apreciar. Así que aquí estoy, esperando como una tonta a que alguien me de una oportunidad que jamás va a llegar, porque a veces se me olvida que el mundo no es como yo, y que yo de todas esas oportunidades no significa que alguien más las vaya a dar. Así que perdonaré sin jamás ser perdonada, siendo la chica tonta que he sido siempre.

martes, 22 de agosto de 2017

Maldita noche

Me dijeron que te fuiste. Y lo supe, lo supe desde mucho antes de que te fueses. Lo sentí desde aquella primera mirada. La primera vez que te vi. Tus ojos iluminaron el espacio, de repente la noche se hizo día, y mi corazón desembocó en una locura inaudita. Lo vi en tu mirada, el peligro de enamorarme y, a la vez, la urgencia de ello. Vi que me destrozarías y que te irías. Lo supe desde ese momento, pero nada pudo evitar que me enamorase de ti. Tormentosas las noches que jamás volvieron a ser días y todos los puertos que quedaron sin faro. Dichoso mi corazón, que nadó en aguas nefastas que acabaron en locura. Maldita la hora en la que te vi y maldito el segundo en que te perdí, porque de estar aún aquí, se acabaría esta tormenta y saldría el sol. Malnacida sea la noche, que me robó el día. Y bendito sea el momento en que te vi volver hacia mí.

jueves, 10 de agosto de 2017

El espejo del alma

Creo que las fotos son el espejo del alma. Cada vez que pensamos que salimos mal, es porque nos sentimos así, y cuando salimos bien, es porque nos sentimos fenomenal. Y luego están esas fotos que vemos mucho después y pensamos "pero si salía genial" o "pero si salía fatal", porque cambiamos de perspectiva y de mentalidad en el tiempo transcurrido. Las imágenes nos describen, más de lo que quisiéramos o pensamos. Esas personas somos nosotros, y en nuestro rostro se refleja cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos encontramos.