¿Alguna vez te has sentido así? Como si la vida no tuviese sentido. Como si los sueños por primera vez fuesen solo sueños, y no algo que piensas alcanzar algún día. Como si un adiós fuese definitivo, y un hola secundario. Como si las personas fuesen viento y las hojas palabras movidas por estas mismas. Que derivan. Hojas que divagan por lugares inimaginables, que recorren el mundo. Hojas que vuelan alto, descienden y acaban en tu cuerpo. Hojas que chocan contigo. Hojas que esquivas, que te molestan. Y luego están ese tipo de hojas a las que alcanzas cuando las ves, aquellas que persigues hasta tenerlas en tus manos. Aquellas hojas que realmente merecen la pena. Es esa corriente de aire que no molesta, que te mese suave el cabello y lo hace revolotear, ese es el aire que quieres en tu vida, no aquel que te empuja, va a contracorriente y hace que no puedas ver poniendo tu pelo en tu rostro. Es de ese mismo del que debemos alejarnos. Las personas que debemos mantener en nuestra vida son aquellas que con sus palabras nos ayudan a ser.
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