¿Hay huracanes con nombre de personas o realmente son personas disfrazas de huracanes? Porque a veces lo dudo. Dudo de cuál es más destructivo. Las personas son dañinas, primero te dicen que te quieren, y luego arrasan tu corazón con todo lo que tienen. Porque saben que tienen el poder, conocen el territorio, los puntos débiles y qué zonas atacar. Lo que dudo es sobre si lo hacen aposta, o no. Ojalá no fuese así. Ojalá nadie hiciese daño por el simple gusto de hacerlo. Ojalá las personas fuesen buenas por naturaleza. A veces creo que porque yo no quiera dañar a nadie, nadie querrá dañarme a mí. Pero me equivoco. El mundo no es como yo y, si no espabilo, la única que acabará siendo arrasada por un huracán seré yo. Y tal vez sea hora de cambiar, de convertirme en el huracán que arrasa con todo a su paso. Quizá debería ser destructiva, tal y como lo han sido conmigo. Quizá debería dejar de pensar en qué es lo que puedo hacer por el resto, y dedicarme a pensar qué puedo hacer por mí. Quizá sea hora de demostrar que no por nada el huracán más fuerte lleva mi nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario