No pude evitar sonreír, ante el contacto de tu piel con la mía, y tu cara; pálida por el resplandor de la Luna, también se iluminó por un rastro de sonrisa que allí había.
Entonces tus labios se lanzaron hacia mí en un intento de demostrar el amor que sentíamos los dos, con las olas rompiendo a nuestro al rededor y el sonido de éstas mismas acompañándonos como si fuera la melodía más profunda.
Y tus labios no se fueron hasta el Sol.
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