miércoles, 23 de junio de 2021
El disparo que detuvo tu corazón
El sonido de un disparo atravesó el bosque a la velocidad de un rayo y, en ese momento, juro que el dolor fue tal que hubiese preferido que me cayese uno y me partiese en dos. Ojalá la duda no se hubiese cernido sobre mí como un depredador a punto de atrapar a su presa mientras me deslizaba entre los árboles gritando tu nombre. Supliqué con el corazón en la mano que no, por favor, tú no, jamás me había sentido tan descorazonado. No me detuve, seguí corriendo, aunque me quemasen las piernas y me ardiesen los pulmones de puro terror. Pero no te encontraba y por más que gritaba lo único que lograba era destrozarme la garganta hasta quedar sin voz, jamás había sentido tal desolación. Y allí, tirado entre la maleza, me percaté de que te encontrabas tú. Nunca había sentido tal desamparo como en el instante en el que me di cuenta de que la bala había parado a tu corazón.
Verbos copulativos
Saboreo el sonido de tu voz y me embriago del aroma de tus besos. Ya sé que suena a incongruencia, pero te juro que lo nuestro es pura sinestesia. Amarte es una locura de los pies a la cabeza y en ocasiones me pregunto si no será posible que haya yo perdido hasta razón de ser con tal de estar a tu lado. ¿Y no te parece precioso que dos verbos tan complejos no sean capaces de diferenciarlos muchos de aquellos que tan solo se expresan fuera de nuestra lengua? Yo no estoy segura de por qué, pero también sé que es copulativo el verbo parecer que, curiosamente, se asemeja a perecer. Y no sé si te parece, pero a mí desde luego que me gustaría estar contigo hasta perecer.
Flor marchita
Se ha marchito la última flor que me regalaste y ahora me pregunto si con ella se fue lo que quedaba de nuestro amor. Te miro a los ojos y me duele saber que ya no me provocan querer lanzarme a por tus besos. Que ya no me suscitas ningún tipo de deseo. Tan solo somos dos amantes sin pasión que se aferran al otro por el miedo a vivir lejos de aquello que un día les hizo felices. Y se me hace un mundo entero la simple idea de que así acabe la historia entre nosotros dos después de todo por lo que hemos pasado, tras todas esas veces que supliqué que apareciese en mi vida alguien como tú. Sin embargo, al final sé que es lo mejor para los dos y, aunque me duela, te tengo que decir adiós. Te llevas contigo las fotos y aquella pulsera con la que te dije que siempre estaría a tu lado y, mientras tanto, yo me alejo con un vestido que tiene en el estampado la misma flor marchita que hoy me hace de marcapáginas en cada libro.
viernes, 18 de junio de 2021
Mil rosas para mí
No sé cuántas margaritas he destrozado por preguntar si me correspondías, aunque ahora me queda claro que ninguna de ellas me dio la respuesta que quería. Ni la que debía. De pétalo a pétalo pedía que la respuesta fuese que me querías. A veces decían que sí, otras que no. En ocasiones me preguntaba si tal vez había perdido la cuenta a propósito. Al final la respuesta da igual, porque ninguna me decía lo que tú sentías. Y ojalá se hubiesen marchito todas las flores del campo si con eso me ahorraba saber la verdad, esa que tanto decía desear a pesar de ser una mentira más. Ahora te espero sentada en el mismo sitio, rodeada de los pétalos que aún no han salido volando y a veces me da la sensación de que escriben tu nombre. Y lo único en lo que puedo pensar es que ojalá aparecieses con rosas, con mil rosas para mí.
miércoles, 16 de junio de 2021
Esa manera de pronunciar un nombre
Hoy he escuchado cómo hablabas de ella y no he podido más que sentir envidia. Ojalá alguien sintiese tanto al pronunciar mi nombre, me conformo con el brillo de tus ojos cada vez que la nombrabas. Esa manera de hacerme sentir que la quiero hasta sin conocerla, porque te provoca tanto que se lo transmites al resto. La mencionas y parece que el mundo se ilumina o que, como mínimo, ella es capaz de acabar con cualquier tipo de mal que se te presente. Y yo solo puedo pensar que a mí eso no me va a pasar. No, no es que quiera que tú me mires así, a ti ya te deseo toda la felicidad del mundo a su lado, sin embargo... A veces me gustaría que por una vez, por una maldita vez en esta vida, a alguien se le acelerase el corazón al pensar en mí. Que mi nombre provocase algún suspiro y los sueños estuviesen plagados con mi rostro. Y ojalá ella supiese que tú la miras así, porque te aseguro que nadie sería capaz de salir corriendo con esa manera de pronunciar un nombre.
domingo, 6 de junio de 2021
No me giro ni cuando te escucho llamarme
Te veo caminar cada vez más lejos, pero no te detengo. Me obligo a contener la presión en el pecho que me pide a gritos que vaya a por ti, que no te deje ir. Se me ocurren mil formas en las que suplicarte que te quedes. Y podría hacerlo, todavía te quedan unos pasos para doblar la esquina y desaparecer de mi vista, tan solo tengo que gritar tu nombre. Me ahogo en el sollozo que hace desaparecer tu nombre, así como te vas tú. Ya no te veo y a mí me pitan los oídos. Así que me quedo allí de pie, esperando a que vuelvas a por mí. Porque no, esta vez no iré, no te buscaré. Me has pedido que cambie mil veces para estar a tu lado y yo lo he intentado hasta perderme a mí misma. He renunciado a mi esencia para conservar la tuya, para no importunarte, pero ya me ha parecido suficiente. Jamás te pediría que cambies, aunque sí que me aceptes, que no me obligues a no ser yo. Y, después de todo lo que te he dado, has decidido marcharte. Dices que no quiero cambiar y en parte tienes razón, porque quiero ser yo misma, pero ya no sé si quiero serlo contigo. Así que me marcho yo también, y aunque me empapan las lágrimas no me giro ni cuando te escucho llamarme.
Te vas
Otro que se marcha. Y me vuelvo a preguntar si seré yo el problema, si será mía la culpa. Me dice que no, que soy maravillosa. Pero se va. Y no me dice nada más. Se va, cuando me había dicho que él se quedaría. Que soy especial, que no merezco que me dejen. Sin embargo, ahí está, huyendo también. Después de todo lo que le conté. Tras haberle mostrado mis pedazos. Ahora es él quien los pisa, se mofa en mi cara, como el resto. Menuda ilusa, imagino que estará pensando. Supongo que sí, que lo soy, por continuar confiando. Esperando. Por seguir ilusionándome hasta cuando me han roto el corazón mil veces. Ojalá poder decir que fueron de maneras distintas, pero es como si pusiesen la canción que más odio en bucle. Una y otra vez. Ya no la quiero escuchar más. No quiero que me vuelvan a abandonar. Pero ahí estás, que también te vas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)