Todos tenemos un lugar especial al que ir cuando estamos mal. Todos tenemos esa persona especial a la que ir cuando estamos mal. Y todos, también, combinamos ambas cosas. Pero los lugares se cambian y las personas se van. Porque con el paso de los años, todo es diferente. Aquel lugar al que te encantaba ir ha sido ocupado por un bloque de pisos. Aquella persona con la que te encantaba hablar ha preferido seguir haciéndolo, pero con otra persona. Y de repente te encuentras sin lugar y sin persona a la que recurrir. No te queda nada. Ahora parece que nunca vas a encontrar todo aquello que perdiste, todo se ve negro. Un futuro cuanto menos oscuro. Pero el día menos esperado te das cuenta de que el mundo parece infinito y las personas inacabables y que, aunque al principio cueste, finalmente acabarás encontrando de nuevo un lugar especial que compartir con una persona especial.
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