sábado, 24 de abril de 2021

Amor no correspondido

Ojalá me pensases como lo hago yo. No soy capaz de sacarte de mi cabeza, me despierto y tu nombre es lo primero que se me viene a la mente, me duermo y es tu recuerdo lo último sobre lo que pienso. Durante el día tengo la tentación de hablarte para contarte todas las cosas que me están pasando y espero con ansias el momento de hablar contigo. Cuando nos vemos me dejas embelesada, y no es hasta que te acercas que me provocas mil nervios. Solo quiero que me beses, que te dejes de juegos y no te separes de mí. Necesito sentir el roce de tus manos y el cariño de tus labios, oír de ellos un «te he echado de menos». Decirte que yo también, que todos los días así es. Y, joder, qué difícil es no poder hablarte a todas horas, pasear de la mano y verte a cada instante. Sobre todo, qué duro es que no sea mutuo el amor. Se me hace un nudo en el pecho de pensarlo, que tú y yo no seremos, por mucho que yo sueñe con ello. Ojalá me mirases como te miro yo, suspirases como lo hago yo por ti, y te enamorases de mí de la misma manera en la que poco a poco lo estoy haciendo yo. 

La chica de las mil imperfecciones

La chica de las mil imperfecciones ha vuelto a cometer un error. No le sorprende. A veces ríe y otras tantas llora, aunque suele hacer las dos. Se cansa de hacerlo todo mal, de no dar ni una, de estar lejos de la perfección. Y le duele saber que no puede dar más de sí, que por más que lo intente no va a funcionar, no le va a salir nada bien. Porque así es ella, un desastre sin remedio. Una persona rota que lo único que sabe es destrozar a su paso. Me da pena verla, tan pequeña y tan vacía, sin cualidades ni aptitudes. Aunque, en realidad, ella es la que da pena. Y lo que más me molesta de todo esto es que esa persona soy yo. 

domingo, 18 de abril de 2021

Es hora de dejarnos ir

Te he querido tanto que me duele infinitamente acabar así. A ti te he contado hasta los secretos más oscuros que albergaba mi alma, cada inseguridad, cada pensamiento que me obsesionaba. Eras mi amigo, mi amante, mi confidente; quien me escuchaba cada vez que lo necesitaba. Me levantaba con tu mensaje de buenos días y me acostaba con tus buenas noches, ahora ya no hay quien lo haga. Y duele, duele mucho que me ocurra algo y no poder contártelo, que no me abraces cuando me rompo ni me hagas cumplidos hasta reventar. Yo solo quería acabar contigo bien, ante todo eras mi amigo y, si pudiese volver atrás, lo cambiaría todo. Todo. Borraría nuestros besos y nuestras caricias, cuando nos exploramos y me enseñaste a amar partes que nunca había mostrado a nadie. Lo haría si de esa forma pudiese volver a tenerte. Sacrificaría todo el amor que siento por ti si ello significa que volverás a sonreír cuando alguien diga mi nombre, que me mandarás más mensajes y que no te olvidarás de mí. Pero no puedo, así que ahora por favor te pido que no dejes que me convierta en uno de esos extraños a los que ya ni recuerdas, recuérdame con cariño, por todos esos momentos perdidos, por lo que no pudo ser y los dos creímos que sería. Yo siempre te querré, en mi corazón habrá una parte que te pertenecerá para toda la eternidad. Pero ahora, mi amor, es hora de dejarnos ir. 

lunes, 5 de abril de 2021

Jodida por dentro

Vuelven a hablar sobre mi físico, siempre mencionan la curva que se forma justo por debajo de la espalda, la cintura estrecha, los senos abruptos para una figura tan fina, los labios carnosos y las piernas de escándalo. Una vez más mencionan lo mucho que les gustaría estar conmigo en la cama, todo lo que me desean y las muestras de esos arrebatos acalorados. Siempre es la misma historia, me dicen que quieren conocerme y, cuando van a hacer preguntas, radican en el ámbito sexual. Nunca van más allá. Nunca quieren saber sobre mí. Nunca se preocupan por si estoy bien, o me gusta escuchar lo que tienen que decir de mi cuerpo. Me callo. Me callo. Y me callo. Hasta que siento aquel vacío que me dice que lo deje, que no necesito su aceptación, que soy más que un exterior. Pero me sigo callando, y sigo aceptando, y dando. Y doy, y doy, y doy. Hasta que me rompo en la soledad de la noche, cuando no hay nadie para evitar que deje de pensar, es el momento en el que la realidad me golpea, y quiero que pare. No quiero ser la chica guapa a la que todos se quieren tirar, quiero ser la chica interesante que merece la pena conocer, pero nadie se esfuerza en intentarlo siquiera. Y ahora me doy asco, me cuesta ver más allá de un físico hueco que no alberga nada más en su interior, un físico putrefacto que solo me provoca repulsión. Al final, cuando el mundo calla y la mente habla, no me queda más remedio que aceptar lo que soy; una chica que aparenta ser guapa, pero que no es más que una falsa fachada para encubrir lo jodida que está por dentro.