viernes, 27 de noviembre de 2020

Rechazos

Trato de entender qué ocurrió y si, una vez más, fui yo el error. Y ojalá que no, porque me destrozaría serlo. Hay rechazos que duelen más que otros, y el tuyo fue el que más me dolió sin lugar a dudas; a veces lo que más nos lastima es aquello que no sabemos, y a día de hoy sigo sin comprender lo que ocurrió. Duele más imaginar los vacíos que dejaste en mi interior, mis palabras me destrozan, y eso es algo que jamás te voy a perdonar. El que dejases a mi cargo comprender algo que se me escapa y que tan solo tú podrías calmar. Me has hecho pensar que hay algo mal en mí, que no valgo la pena y que allá fuera nadie me va a elegir. Hay heridas que no me cierran y que escuecen a día de hoy, a pesar de que te marchaste hace meses. Por eso quiero dedicarte estas palabras, para decirte que me has hecho daño, que me cuesta amarme, amar y dejarme amar; pero estoy convencida de que algún día seré capaz de decir que el error no fui yo, fuiste tú. Y no solo lo diré, me lo creeré. Al final, es la verdad. 

Nos separa un mundo entero

Una vez, hace mucho tiempo, pensé que estarías en mi vida siempre. Yo tampoco sé qué pasó. Ahora somos dos extraños que, irónicamente, se extrañan. O, al menos, eso es lo que hago yo. De repente se me viene a la mente un momento que vivimos, palabras que dijiste o simplemente pasa algo que me recuerda a ti. Y tengo muchas ganas de contártelo, pero no lo hago; no porque no me vayas a contestar, sé que lo harás, sino que porque me aterra la idea de que lo hagas y ya no sea igual. Porque los dos sabemos que no lo será, que lo que tuvimos fue hermoso, pero ya fue. Y me dolerá eternamente que entre nosotros no quepa la oportunidad de hablar en presente o en futuro. Y me reprenderé por siempre el haber permitido que hayamos llegado hasta aquí, que no sea capaz de escribirte todo lo que siento ni por tu cumpleaños. Ojalá nunca tengas que leer aquella carta que te escribí, aquella que dije que solo leyeses en caso de que me perdieses. Sin embargo, a pesar de seguir aquí, siento como cada día me voy alejando más; y eso que los kilómetros nos separan un mundo entero. Pero una vez nuestros corazones estuvieron unidos y, para mí, siempre habrá lugar para ti y nuestra amistad. 

Nadie me ve

¿Ves lo mismo que yo? 
O quizás tú también pienses que no soy más que un cuerpo vacío. 
Y puede que tengas razón, que todos la tengan. 
A veces hasta yo me pregunto si vale la pena. 
Si yo valgo la pena. 
Y, muchas de esas veces, la respuesta es que sí.
Pero hay otras tantas en las que no. 
Tampoco tengo a quien preguntarle. 
Me decepcioné tanto con la vida, que al final hasta esta acabó por dejarme. 
Por eso ahora tan solo sobrevivo. 
Porque ni vivir sé. 
Y por más que me esfuerzo, parece que el vacío es lo único que me queda. 
Así que lo abrazo en cuerpo y alma. 
Y ahora ya nadie me ve. 

Ya no sé escribir

Ya no sé escribir. Dicen que la magia reside en las palabras de aquellos que tienen algo que contar y, por desgracia, hace tiempo que en mí tan solo habita el vacío. Ya no fluyen las letras, no creo abecedarios ni narro historias; ahora, cuando lo intento, solo está el eco de un lugar en el que no queda nadie ni nada. A veces me pregunto qué se sentía, porque ya se desvanecen hasta los recuerdos. Veo marchar cada gota de inspiración ante un suspiro lastimero de aquel que no puede evitarlo. Ahora me tengo que detener a pensar, cuando antes lo único que hacía era dedicarle un vistazo a las palabras que habían formado mis dedos. Ya no fluye la magia dentro de mí, y lo que más me duele es que puede que ya no vuelva jamás. Me asusta ser un cuerpo vacío, alguien que no tiene nada que contar. Y, sin embargo, aquí estoy; intentándolo una vez más.