Me quieres a medias. Hoy todo es sí, y mañana que no. Que puede, que vale, que igual no. Y vuelves a cambiar de opinión, como si dar una respuesta con certeza no fuese algo fácil para ti, y puede que sea así, y puede que no. Me hablas a medias. Con respuestas escuetas, palabras que se quedan en tu mente y comentarios que no entiendes ni tú ni yo. Y te pido que me lo expliques, pero no puedes, porque entenderte, te entiendes a medias. Cuando crees que tienes todas las respuestas te das cuenta de que cada afirmación no era más que una mera negación, que las negativas en ocasiones eran positivas, y los quizás divagan sin respuesta. Y es que vives a medias, hoy te arriesgas pero mañana te arrepientes así que mejor no. Y la realidad es que vives, o no. Así que déjate de incertidumbres y medias tintas que la vida está para vivirla, y no es un ayer ni hoy sí pero mañana no, es un día tras día. Vive por día, porque las respuestas se hayan al final de cada uno de ellos.
domingo, 27 de enero de 2019
domingo, 13 de enero de 2019
Eclipse eterno
Se me sale el corazón de imaginarte, ¿puedes hacerte una idea de lo que me provocas? Del cosquilleo, las mejillas sonrosadas y la sensación de caminar sobre algodón. Rosa. De azúcar. Y el olor a palomitas de maíz recorriendo el lugar. Aquella música que parece que te susurra al oído cuando la escuchas, y los cuerpos danzando sobre pétalos en el jardín. El árbol dando sombra a las estrellas, y la luna tan amarillenta que parece el sol. Y yo con cada paso que doy toco el cielo, haciendo que retumben truenos, provocando mil tormentas. Y tú con cada paso que das vuelas. El viento parece envolverte, te levanta, acaricia tu cabello y por un momento ya no sé si es él, o soy yo. Y cuando nos unimos, el sol y la luna nos imitan en un eclipse, y yo en lo único que puedo pensar es en que a nosotros no nos separen.
Perderme
Desaparecí por tanto tiempo que tengo miedo de encontrarme. No sé qué esperarme, o si lo que voy a ver si quiera va a gustarme, y por eso me obligo a alejarme. Vivo con miedo a volverme a ver y decepcionarme. Por lo que pueda encontrarme, por lo que soy, por lo que era, porque ya no sé qué es pasado, presente, o si para mí existe algo en futuro. Y aquellas horas eternas que pasaba entendiendo ahora son un malgasto de pensamientos, perdidos, como yo, en un mar de emociones que han desembocado en lo desconocido, y yo tengo miedo de las aguas profundas. Del peligro. Así que me reprimo, nado a contracorriente, pensando que si nado lo suficientemente lejos voy a perderme. Y a perderte. Y no sé si me asusta más lo primero, o lo segundo.