Y entonces te fuiste, demostrando todo aquello que dijiste que no harías con palabras. Pero, claro, en aquel momento no me di cuenta de que los actos dicen mucho más. Y ahora lo veo, veo cómo usaste un dardo venenoso rodeado de un bonito envoltorio para tratar conmigo. Me envenenaste y, cuando se me pasó el efecto, te fuiste. Te fuiste, dejándome con todos estos síntomas tan extraños con los que no sé tratar. A veces dudo de si todo fueron alucinaciones, del efecto del veneno, o la simple y pura verdad. Tan cerca de mi alcance, pero tan lejos a la par. Y, sin embargo, ahora lo comprendo. Comprendo que, las personas que usan palabras bonitas, es porque no tienen nada más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario