Mis manos se enlazaron en sus cabellos y las suyas en mis caderas. Sus ojos en los míos y mis labios en los suyos.
-Te quiero - le dije. Y él me creyó.
Porque no necesitaba más palabras para creerme, ni actos de barbarie y heroísmo. Él solo me necesitaba a mí. Y yo lo necesitaba a él. Y mientras eso siguiese estando ninguno necesitaba nada más.
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