viernes, 12 de junio de 2020
Ya no creo en las promesas
Tus palabras vacías, carentes de verdad y llenas de falsas promesas me han acabado rompiendo. Ahora ya no soy capaz de confiar en nadie. Ya no me creo cuando me dicen algo bonito o dicen quererme, mucho menos cuando se trata de promesas sobre un para siempre. No existen los finales felices, ahora estoy segura de ello. Sé que estoy condenada a la soledad, a la desconfianza. Me has enseñado que nadie va a quererme ni a quedarse, por mucho que me digan que lo harán. Que las palabras son solo palabras y los hechos demasiado difíciles de realizar, porque es imposible hacer un acto que en realidad no pretendes.
Lenta agonía
Ha pasado una vez más, he vuelto a desaparecer sin más. Como si nunca hubiese importado, como si nunca hubiese estado. Otra vez me han dado de lado sin explicaciones, vuelve el constante vacío y la jodida pregunta de por qué. ¿Por qué todo el mundo se marcha? ¿Por qué me abandonan cuando les doy todo de mí? Y quizá sea ese el problema, que doy tanto que ya no les queda nada que robarme. Me dan las gracias por sacarlos del pozo oscuro y, como agradecimiento, me lanzan a él. Así que aquí me encuentro una vez más, con el agua hasta la barbilla, el frío que me cala hasta los huesos y la oscuridad tragándome a toda velocidad. Y, a pesar de esto, me parece una lenta agonía que jamás termina, una muerte solitaria que se alarga constantemente. He logrado salir muchas veces de aquí, pero hoy me pregunto si habrá alguien que quiera ayudarme a mí.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)