Retazos de imposibles vuelven a golpearme en esta historia que tiene principio pero a la cual no logro encontrarle final. Cada vez que paso una página se añaden diez; diez páginas de derrota, de recordatorios de sueños jamás cumplidos y de expectativas demasiado altas para alguien como
yo. Me dije que sería realista, que dejaría de pensar que yo no necesito la ayuda de nadie y que los sueños pueden lograrse a base de esfuerzo; y ojalá las palabras bonitas fuesen verdad. Ojalá no me despertase en mitad de la madrugada consumida por el dolor, en medio de otra pesadilla que se repite sin fin, recordándome errores del pasado y fracasos futuros. Mi mente me tortura con pensamientos negativos de «yo no puedo» y, una vez más, doy un paso hacia atrás. Me impulso con fuerza para tratar de saltar la barrera que me detiene y tan solo acabo dañándome a mí misma. Y me canso. Me canso de luchar, de soñar, de intentar.